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El Ministerio de Educación Pública (MEP) busca fortalecer sus estrategias para evitar la deserción escolar tras la pandemia de COVID-19.​

Es común que después de Semana Santa y vacaciones de medio año los estudiantes no regresen a las aulas. Este fenómeno se da porque se rompe, por un tiempo, el vínculo entre los estudiantes y esto los desmotiva a seguir estudiando.

“Que aumente la deserción escolar por la pandemia es una posibilidad; pero el asunto no es quedarnos en el temor, a partir de eso debemos ver qué vamos hacer para garantizarnos que la mayor cantidad de estudiantes retorne a las aulas y de la mejor manera”, indicó Patricia Méndez, directora de la Unidad para la Permanencia, Reincorporación y Éxito Educativo (UPRE) del MEP. 

Méndez incluso comparó la pérdida de trabajo de un adulto con el cierre de aulas para un adolescente.

“Para una persona adulta perder su trabajo es una experiencia terrible y devastadora, para un estudiante ser separado de su grupo de compañeros puede resultar igual de devastador si no se realizan estrategias para mantener el contacto”, detalló. 

Estrategias

La directora de la Unidad para la Permanencia, Reincorporación y Éxito Educativo explicó las tres grandes líneas que el MEP está trabajando para evitar la exclusión escolar: el fortalecimiento del vínculo, la alerta temprana y la generación de redes de trabajo colaborativos.

El primero es fortalecer los vínculos. Los docentes deberán mantenerse cercanos a los estudiantes, ya sea por un mensaje o una llamada. Ese canal no es solo preguntar cómo va la tarea, sino preocuparse por el alumno y su familia.

“Una de las cosas que debemos de trabajar en forma fuerte durante esta pandemia es en hacer que este vínculo se mantenga sano. El vínculo nos ayuda a mejorar la condición socioemocional de cada persona y a mitigar los efectos psicológicos que nos genera este distanciamiento físico”, aseguró la funcionaria del MEP.

El segundo es la alerta temprana, una estrategia que viene trabajando el MEP desde hace varios años: procura identificar situaciones que eventualmente podrían desembocar en que los estudiantes no vuelvan a las aulas. Una vez que se identifican, se debe generar una intervención para que el alumno se vuelva a enganchar con el sistema.

“Si es un asunto académico, ver cómo lo apoyamos desde la pedagogía. Si es de pobreza, ver cómo se articula con otras instituciones como el IMAS para que pueda apoyar económicamente a estas familias. Si es un asunto de violencia, hacer las denuncias y darle el seguimiento necesario al estudiante, dependiendo de la situación hay protocolos”, comentó la funcionaria.

Finalmente, el trabajo en redes colaborativas se basa en el apoyo mutuo entre estudiantes, ya sea en temas académicos o emocionales. Méndez señaló que hay algunos elementos que a veces los adultos no perciben, pero los compañeros sí y por ese canal se puede ayudar y apoyar para evitar la exclusión. También, es importante implementar las redes de apoyo entre docentes de diferentes centros educativos.

Educación virtual y su relación con la deserción escolar

En tiempos de distanciamiento social a causa del COVID-19 se ha implementado la modalidad virtual; pero, ¿qué pasa si un estudiante no tiene los equipos necesarios para recibir las clases?

“Esa es una de las nuevas causas por las que hay que inmediatamente aplicar la alerta temprana. El MEP ha establecido atención diferenciada a la población que tenga equipo tecnológico y conectividad, o si tienen equipo, pero baja conectividad o si del todo no se tiene ninguna.

“Para cada uno de estos escenarios se generan estrategias. Esta es una de las condiciones que puede generar exclusión, pero también a lo interno de las familias se pueden dar otros fenómenos que influyan a los estudiantes”, agregó Méndez.

Un ejemplo de población que no cuenta ni con equipo tecnológico ni con conectividad son algunas comunidades indígenas del país. A ellos se les brindó una guía de educación en físico junto a los diarios de comida. Esas fichas se entregan de manera quincenal, igual se procura mantener contacto con los líderes comunales.

Patricia Méndez resaltó que en el 2019 se presentó un índice histórico por ser el más bajo en deserción escolar en secundaria.

“Para este año tenemos una metabase de datos con el registro de toda la población estudiantil, con más de un millón de estudiantes. Ahora podemos saber cuántos son hombres, cuántos son mujeres, cuántos en segundo grado, con discapacidad etc. Vamos a tener mapeados a todos los chicos en cuanto a quienes son y donde están, y para cuando volvamos a las aulas podremos identificar quiénes no llegaron y así poder generar las estrategias para tratar de incorporarlos”, concluyó.