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El Ministerio de Educación Pública (MEP) perdió el rastro de 91 mil estudiantes. Esto quiere decir que los maestros y profesores no saben nada de ellos desde que se activó la educación virtual por la pandemia de COVID-19.

Los alumnos no se conectan a clases, no realizan el trabajo asignado y tampoco responden a los llamados telefónicos que les hacen desde los centros educativos.

“Respecto a los estudiantes que no se han vinculado con el centro educativo o con su docente, esto corresponde a un 8% de la población, 91 mil estudiantes de 1.100.000 estudiantes que tiene la educación pública en nuestro país”, aseguró la ministra de Educación, Guiselle Cruz.

"Es más o menos parecido a la tasa de exclusión del 2016, cuando no había pandemia y con dos días de huelga en ese momento", agregó.

Cruz señaló que esta situación llevó al MEP a activar el protocolo de alerta temprana “para que esos estudiantes que no se han vinculado sepamos cuáles son las razones y volvamos a llamarlos al centro educativo”.

Causas

¿Qué sucede con esos estudiantes? Según Sonia Ulate, vocera del Colegio de Profesionales en Orientación, la exclusión escolar puede responder a varios factores. 

Lo primero que hay que determinar es si se trata de una "pérdida total", porque puede ser que el alumno no se registre por medio de la plataforma Teams, pero sí mantiene comunicación por WhatsApp con sus profesores.

Las clases a distancia han significado un reto para todos los actores educativos. Algunos jóvenes se apartan porque no tienen claros los "roles" y cómo participar en una sesión virtual.

"Hay que entender también el impacto emocional que la pandemia va a hacer sentir al estudiante. Yo sí lo he percibido, una especie de parálisis emocional, no saben cómo actual", aseguró la experta.

El acceso a la tecnología y la conexión, recursos limitados para muchas familias costarricenses, no se pueden obviar en una situación como la que atraviesa el país. 

"Hay que tratar de tener toda la información posible de las realidades de los estudiantes, acercarlos al centro educativo con todas las formas de motivación, la entrega de víveres, la entrega de material físico. Yo tengo compañeras que han ido hasta la casa a visitar a los estudiantes a dejar ese material", concluyó Ulate.

Estrategias

Patricia Méndez, directora de la Unidad para la Permanencia, Reincorporación y Éxito Educativo (UPRE) del MEP, explicó que la alerta temprana es una estrategia que vienen trabajando desde hace varios años. 

Procura identificar situaciones que eventualmente podrían desembocar en que los estudiantes no vuelvan a las aulas. Una vez que se identifican, se debe generar una intervención para que el alumno se vuelva a "enganchar" con el sistema.

“Si es un asunto académico, ver cómo lo apoyamos desde la pedagogía. Si es de pobreza, ver cómo se articula con otras instituciones como el IMAS para que pueda apoyar económicamente a estas familias. Si es un asunto de violencia, hacer las denuncias y darle el seguimiento necesario al estudiante, dependiendo de la situación hay protocolos”, comentó la funcionaria.

Además de esta estrategia, está el fortalecimiento de vínculo: los docentes deben mantenerse cercanos a los estudiantes, ya sea por un mensaje o una llamada. Ese canal no es solo preguntar cómo va la tarea, sino preocuparse por el alumno y su familia.

El MEP también aplica el trabajo en redes colaborativas, que se basa en el apoyo mutuo entre estudiantes, ya sea en temas académicos o emocionales. Méndez señaló que hay algunos elementos que a veces los adultos no perciben, pero los compañeros sí y por ese canal se puede ayudar y apoyar para evitar la exclusión.