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Doña Viviam aún no puede contender el dolor que la acompaña desde el 9 de julio del 2011.

Ese día, su hijo Álvaro de tan sólo 21 años, murió cuando un conductor en estado de ebriedad embistió a más de 120 kilómetros por hora el carro en el que viajaba como acompañante.

Esa noche no sólo se terminaron los sueños del joven ingeniero industrial, sino que empezó la lucha de esta madre para que se haga justicia.

El año pasado, un juez descartó elevar el caso a juicio, porque no había cámaras de seguridad en la zona y las versiones de los testigos son distintas.

Por lo que el conductor, un nicaragüense de apellido Corea, está completamente libre y sin ningún tipo de medidas cautelares.

Según algunos expertos en la materia, no en todos los casos se dicta prisión preventiva, pero en esta ocasión se pudo haber hecho más.

El viernes doña Viviam tiene una audiencia con un juez penal. Esta es la última oportunidad que tiene para que el caso vaya a juicio y se haga justicia.

Algo que no sólo ella está esperando, sino que representa a decenas de casos similares que terminan siendo olvidados y con los responsables nuevamente en las calles.