Por Luis Jiménez 25 de abril de 2026, 8:00 AM

La violencia contra la niñez y la adolescencia no siempre deja marcas visibles. Más allá de las agresiones físicas, existen formas silenciosas de maltrato —como la negligencia y el abandono— que afectan profundamente el desarrollo, la seguridad y el bienestar de las personas menores de edad. Aunque muchas veces pasan inadvertidas, sus consecuencias pueden ser devastadoras y prolongarse a lo largo de toda la vida.

La fiscal adjunta de Niñez y Adolescencia, Rocío De la O, advirtió sobre la urgencia de visibilizar estas problemáticas para prevenirlas, señalando que el silencio dentro de los entornos familiares contribuye a perpetuarlas.


“Si no informamos a la ciudadanía, se siguen dando estas acciones y omisiones en perjuicio de esta población. Esto sucede normalmente en el hogar, tristemente, que es el lugar que debería ser el lugar seguro para las personas menores de edad.

“Es ahí donde más bien se guarda silencio, donde las niñas, niños y adolescentes sufren todo tipo de maltrato. La negligencia es uno de ellos, y ese silencio es el que muchas veces las personas adultas conocen, pero no saben cómo, dónde acudir, qué hacer”, indicó De la O.

Desde la perspectiva penal, la negligencia se entiende como una forma de maltrato por omisión. A diferencia de la violencia física, que deja huellas visibles, esta se relaciona con la falta de atención a necesidades básicas. 

Para la fiscal, estas omisiones pueden ser en salud, en educación, en alimentación, en vivienda, en todas aquellas necesidades básicas que son las que le van permitiendo a la persona menor de edad ir desarrollándose de forma integral.

Entre los indicadores más frecuentes de negligencia se encuentran la falta de higiene, la ausencia en el sistema educativo, la omisión de tratamientos médicos y la desnutrición. Estas situaciones no siempre están asociadas a la pobreza.

“La pobreza no es sinónimo, por ejemplo, de desaseo. Hemos atendido casos en los que menores han fallecido por falta de alimentación pese a que sus familias contaban con recursos o asistencia estatal", dijo De la O.

Otro aspecto señalado es la falta de supervisión, especialmente en el uso de dispositivos electrónicos, así como la ausencia de rutinas básicas como horarios de sueño y alimentación. Estas condiciones, según la fiscal, pueden generar una cadena de violencia que impacta a nivel comunitario.

En el ámbito legal, muchas de estas conductas pueden constituir delitos.

“Incumplimiento, abuso de la responsabilidad parental, lesiones porque dejé de darle el medicamento, dejé de alimentarlo. En casos más graves pueden derivar en homicidio o tentativa de homicidio. Por lo general muchos casos que hemos llevado han sido calificados por homicidios”, comentó De la O.

La responsabilidad recae principalmente en quienes tienen la custodia de la persona menor de edad, aunque también puede involucrar a otros miembros del entorno familiar. “La posición de garante aquí prevalece”, explicó De la O, al referirse a la obligación de las personas adultas de garantizar el bienestar de quienes están bajo su cuidado.

El Ministerio Público suele conocer muchos de estos casos a partir de denuncias realizadas por instituciones o personas cercanas a las víctimas.

“Educadores, funcionarios del sistema de salud, el Patronato Nacional de la Infancia (PANI), un vecino, una vecina o un familiar pueden dar la alerta. Estas denuncias han permitido evitar situaciones fatales en algunos casos.

“No se trata sólo de la Fiscalía y el OIJ trabajando en beneficio de esta persona menor de edad. Se trata de varias instituciones articulando en su área de conocimiento”, señaló De la O.

Las consecuencias de este tipo de violencia pueden extenderse a largo plazo. Muchos menores presentan efectos como ansiedad, depresión y dificultades en las relaciones sociales. Para la fiscal, si la negligencia y el abandono no se abordan de forma temprana, el daño puede volverse irreversible.

“Es un problema de todos. Es un problema de todos el cooperar para que las niñas, niños que todavía están en esa etapa de formación lleguen a ser personas adolescentes buenas y personas adultas buenas. Denunciemos si algo está pasando a un niño o a una niña, colaboremos con los sistemas de protección”, agregó De la O.

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