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Diana Bustamante es una joven que a sus 25 años jamás imaginó debatirse entre la vida y la muerte, ya que gozaba de una envidiable salud. Sin embargo, tras contagiarse de COVID-19 su vida daría un giro inesperado. 

“Todo comenzó con dolor de cabeza que se fue incrementando a todo el cuerpo, luego me comenzó a dar fiebre, luego me costaba respirar, me dolía mucho el pecho, el pulmón y ahí fue donde vinimos al Hospital San Juan de Dios”, explicó la joven.

“Diana es una muchacha bastante joven que tuvo una infección severa por COVID-19, tuvo una neumonía asociada a COVID-19.

“Durante el proceso que estuvo internada desarrolló una sobreinfección por bacterias, que eso pasa con relativa frecuencia en pacientes que tienen neumonías por COVID-19, hizo una infección bacteriana y eso le produjo una complicación con pus alrededor del pulmón, es algo muy complicado porque los antibióticos no son capaces de curar estos procesos y es necesario realizar drenajes.

“Por esa razón se le pidió al servicio de cirugía de tórax que consideraran la posibilidad de operar a Diana. Ellos hicieron el procedimiento, pero encontraron que el pulmón, que ya en sí estaba bastante afectado, tenía una fuga llamada broncopleural”, relató el neumólogo, Juan Antonio Botero.

Procedimiento realizado por primera vez en el país

La salud de Diana era bastante crítica, por lo que todo el equipo médico tomó la decisión de aplicar un procedimiento que nunca antes se había realizado en Costa Rica.

“Lo que ocurrió después de la cirugía del tórax es que el pulmón de Diana estaba bastante dañado, los cirujanos no podían cerrar la fuga porque el pulmón estaba muy inflamado, se tuvo que conseguir unos aparatos especiales llamados spigots, que son como unos tapones tipo corchos para entenderlos más fácil, para poder cerrar la fuga.

“Se tenía que correr porque las complicaciones eran altas, si la fuga no era corregida la mortalidad estaba en un 90%.

“Lo que teníamos a favor nuestro es que la teníamos en observación continua con sondas especiales. La dejamos unos cuantos días hasta que vimos que el aire no se escapara más. Esto fue un grupo de trabajo muy grande y coordinado entre varios profesionales”, explicó el especialista.

Luego de estar dos meses internada en el San Juan de Dios, esta valiente madre de una niña pequeña de 6 años volvió a ver la luz.

“Sinceramente lo que se vive es bastante complicado, hay personas mal, muriendo por la misma situación y uno estar con COVID-19 también, pero gracias a Dios fui bastante fuerte de mente, a pesar de ver gente muriendo por lo mismo que yo tenía”, agregó Bustamante.

Diana todavía tiene que ir al hospital dos veces por semana para recibir rehabilitación post COVID-19 por el síndrome del pie caído, debido al encamamiento prolongado. Sin embargo, no oculta su felicidad y a la vez aprovechó para dejar un claro mensaje.

“De verdad les digo a las personas que no esperen a vivirlo o a que un familiar lo tenga que vivir para tomar las medidas que tenemos que tomar como personas, que seamos un poquito más consientes, que valoremos la vida, que esto es muy real, es de verdad, esto puede hacer que muera un hermano, un hijo, un papá, no esperemos a llegar a esos términos, tenemos en nuestras manos el poder de cuidarnos y ser conscientes como seres humanos”, concluyó la mujer.