Estas son tres señales que advierten de una posible adicción a redes sociales
El uso de plataformas digitales creció 40 minutos en una década y especialistas advierten que ciertos comportamientos pueden indicar que la relación con la tecnología ya está afectando la vida diaria.
El uso de redes sociales es parte de la vida cotidiana, incluso, un informe de Statista estima que entre 2015 y 2025 el tiempo promedio de las plataformas creció 40 minutos en el mundo, llegando a los 146 minutos diarios, pero ¿en qué momento deja de ser un hábito y se convierte en un problema? Especialistas coinciden en que no todas las personas desarrollan una adicción, pero sí existen señales claras que pueden encender las alarmas cuando la relación con la tecnología empieza a deteriorar otras áreas de la vida.
Una de las primeras señales es el alejamiento progresivo de las relaciones personales. El psicólogo Carlos Bonilla advierte que el problema aparece cuando la persona “empieza a ocultarse” y deja de participar en su entorno.
“Un ser humano que ya no sale y que prefiere quedarse en su casa metido en redes sociales fliqueando todo el día y ya no va a trabajar, o ya no va a relacionarse con su pareja, sino que empieza a pausar su vida social, ahí ya tenemos un problema”, explicó.
Desde la adictología, Priscilla Spano coincide en que este patrón se refleja directamente en la dinámica familiar: “Ya la persona no comparte tanto (…) no tiene el tiempo para compartir familiarmente o socialmente. Entonces su vida va girando alrededor de las rede”, señaló.
Incluso, agrega que la persona puede llegar a aburrirse en espacios familiares y buscar relacionarse más con quienes comparten esa misma conducta.
Otra señal clara es la incapacidad de regular el tiempo frente a las pantallas. Lo que comienza como un uso puntual puede extenderse sin control durante horas.
Spano lo explica con un ejemplo cotidiano: “Dicen ‘voy a meterme en internet de las 2 a las 4’ y cuando se dio cuenta son las 10, 11, 12, y están metidos. Igual que con cualquier otra adicción”.
Este fenómeno no es casual. El psiquiatra Luis Herrera-Amiguetti detalla que las plataformas están diseñadas para mantener a las personas conectadas el mayor tiempo posible.
“Los algoritmos detectan esos intereses y le llenan la bandeja con esos temas en formas muy breves, muy cortas de estimulación y la gente se siente bien”, explicó.
Ese efecto está directamente relacionado con el cerebro.
“Se activa el sistema de recompensa que detona la dopamina es el neurotransmisor que nos hace sentirnos bien y mantienen estimulado al cerebro con descargas constantes”, añadió.
La tercera señal es cuando el uso deja de ser una actividad más y se convierte en el eje de la rutina diaria. En palabras de Spano, ocurre “igual que un alcohólico con una botella”.
Esto implica no solo dedicarle más tiempo, sino reorganizar prioridades en función de las redes, afectando cualquier otra actividad que pueda sustituir ese ese espacio.
Bonilla lo resume como una “pausa” en la vida social, mientras que Herrera-Amiguetti advierte que la exposición prolongada tiene efectos reales en el cerebro, especialmente en menores de edad.
“Si usted pasa cinco horas al día en una actividad, eso va a modificar su cerebro, es imposible pensar que ese grado de estimulación no tenga un impacto”, indicó.
En niños y adolescentes, el impacto es mayor debido a la plasticidad cerebral, lo que puede influir incluso en habilidades como la comprensión de lectura o el pensamiento crítico.
Un problema sin diagnóstico claro, pero cada vez más visible
Aunque especialistas reconocen que aún no existe un diagnóstico clínico formal ampliamente establecido, el fenómeno preocupa.
“Hoy en día no tenemos regulación y 20 años después no tenemos diagnósticos clínicos oficiales”, señaló Bonilla.
Mientras tanto, los expertos coinciden en que el enfoque no debe ser la prohibición total, sino la educación, el establecimiento de límites y la atención temprana a estas señales.
Identificarlas a tiempo puede marcar la diferencia entre un uso cotidiano y una relación que empiece a afectar la salud mental y la vida diaria.

