¡Cuidado! Parásito de la leishmaniasis visceral también puede enfermar a humanos
Un especialista en Parasitología del Inciensa explica qué puede provocar este microorganismo, que hasta ahora solo reporta casos en mascotas.
La leishmaniasis visceral es una enfermedad parasitaria grave causada por el protozoario Leishmania infantum, un microorganismo que se transmite al ser humano principalmente por la picadura de insectos conocidos como flebótomos o “moscas de la arena”.
Una vez que el parásito ingresa al cuerpo, tiene la capacidad de diseminarse hacia diferentes órganos, especialmente aquellos encargados de la producción de células sanguíneas, como el bazo, el hígado y la médula ósea.
De acuerdo con el doctor Carlos Mata, especialista en Parasitología del Instituto Costarricense de Investigación y Enseñanza en Nutrición y Salud (Inciensa), esta forma de la enfermedad es la más peligrosa.
“La leishmaniasis visceral representa la forma clínica más grave. Si el paciente no se trata, puede fallecer”, advirtió.
La infección puede permanecer durante semanas o incluso meses sin presentar síntomas claros, lo que dificulta su detección. En otros casos, los pacientes desarrollan un cuadro clínico severo caracterizado por fiebre prolongada, pérdida de peso marcada y agrandamiento del hígado y el bazo, una combinación que compromete seriamente la salud.
Además, la invasión del parásito en la médula ósea afecta la producción normal de células sanguíneas, lo que puede provocar anemia, infecciones recurrentes y hemorragias.
Otro aspecto preocupante es que muchas personas pueden estar infectadas sin saberlo.
“Existen numerosos casos asintomáticos o subclínicos, lo que hace que sea muy difícil llegar al diagnóstico”, explicó Mata.
En Costa Rica, la enfermedad es de notificación obligatoria; sin embargo, los expertos coinciden en que hay un alto subregistro de casos, lo que impide dimensionar la magnitud real del problema.
La falta de diagnóstico oportuno y de vigilancia epidemiológica efectiva convierte a la leishmaniasis visceral en una amenaza silenciosa para la salud pública, especialmente en zonas rurales y regiones con presencia de vectores y perros infectados. Un estudio científico internacional asegura que hay diagnósticos autóctonos en Guanacaste y el Valle Central, y alerta sobre canes asintomáticos como reservorios silenciosos del parásito.
Si no se detecta y trata a tiempo, la enfermedad puede evolucionar hacia fallas orgánicas múltiples y causar la muerte del paciente, por lo que el fortalecimiento de la detección temprana y la educación médica resulta clave para evitar desenlaces fatales.

