20 de diciembre de 2021, 10:30 AM

El mar ha sido por mucho tiempo un vecino solidario de las comunidades costeras del Caribe costarricense. Las decenas de especies que lo habitan les ha dado de comer a muchos locales y sus familias que viven de la pesca. El agua cristalina y la arena blanca rodeada de abundante vegetación han servido de atractivo para miles y miles de turistas que anualmente visitan esta zona. ​

Sin embargo, desde hace algunos años, esa solidaridad ha ido cambiando.

—Vi que cambiaron el sendero.

Le dice un turista español a un guardaparques comunitario. El europeo acostumbra a visitar el Parque Nacional Cahuita cada vez que viene a Costa Rica. Desde el 2010 lo frecuenta cuando puede escaparse de vacaciones. Lo considera un paraíso.

—Los senderos los hemos cambiado 4 veces ya—me cuenta Nicol Arrieta que le respondió.

Arrieta, con 11 años de laborar aquí, conoce el parque de lado a lado.

Este Parque Nacional es la muestra de como el cambio climático está impactando con fuerza los sistemas naturales del país y poniendo en riesgo a las comunidades costeras.

La intromisión del mar ha hecho que los guardaparques tengan que habilitar nuevos senderos. Cada vez más adentro del bosque. Cada vez más cerca del manglar. Hay lugares críticos, donde ya no hay campo para más.

El aumento en el nivel del mar en Cahuita ha dejado considerables daños en senderos e infraestructura del Parque Nacional.

"El aumento del nivel del mar constituye uno de los indicadores más importantes del cambio climático, porque incorpora la variación de diferentes componentes del sistema climático. Sus impactos físicos son más fáciles de ver y medir que otros impactos del cambio en el clima sobre otros sistemas naturales", explicó Lenin Corrales, experto en cambio climático y gestión ambiental, que además ha liderado investigaciones relacionadas con la adaptación de este parque limonense ante los efectos de la crisis climática.

La temperatura del planeta se eleva y también provoca el calentamiento del océano, aumentando así su volumen. Además, esta subida en la temperatura también hace que los casquetes polares se derritan e inyecten agua dulce -que es menos densa- al mar y este suba su nivel.

Según datos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) el nivel medio global del mar aumentó en promedio 0,20 metros entre 1901 y el 2018.


Es 23 de octubre de 2021. El sol brilla y el termómetro coquetea con los 30° en Cahuita. El mar luce sus mejores galas: turquesa y cristalino. Está perezoso, con costo y abraza la arena. Jamás pensaría que ha hecho tanto daño últimamente.

Solo en la entrada principal del parque se logra apreciar que algo no anda bien. Más de 8 mil sacos de arena protegen la caseta que recibe a los turistas.

Me cuentan que, en sus peores días, el mar toma esa parte de la playa y amenaza con llevárselo todo.

Esta joya natural anclada en el sur de la provincia de Limón fue declarada Parque Nacional en 1978. Tiene 23.290 hectáreas de cobertura marina y 1.102 hectáreas terrestres. Es una joya natural porque mezcla diversos ecosistemas: ríos, bosques, manglares, arrecifes y playas paradisíacas.
 
Además, posee un sendero de más de 7 kilómetros que le permite a los visitantes descubrir las bellezas naturales que los termina enamorando.

Nos adentramos en ese sendero y de pronto inició el desfile de animales: mapaches, ardillas, monos cara blanca y una que otra serpiente —aunque ya casi no se ven—dice el cuidador. Los primeros 1.500 metros nos llevan desde la entrada principal hasta el río Suárez donde un rótulo nos advierte de no alimentar a los cocodrilos.

Es una mantarraya a la orilla del río la que roba la atención de todos. A mí me sorprende otra cosa.

El segundo tramo del sendero —de 2.334 metros— que está al otro lado del río y que lleva por nombre Perezoso, está entrecortado.

El mar destruyó parte del sendero Perezoso y dejó sin espacio de playa a los bañistas.

Los más de 75 mil turistas que visitaron el parque en el 2013, caminan como hormigas entre dulce. Unos se establecieron entre los robustos árboles de almendro que hay en el primer sendero. Otros decidieron continuar el recorrido y prefieren tomar el sol en la playa frente al segundo sendero. Están encantados.

Hoy las cosas cambiaron. Bastante.

—Antes todo esto aquí era sendero—recuerda el funcionario mientras señala donde los turistas caminaban y disfrutaban de la playa.

—¿Este sector?—pregunto incrédulo.

El mar no tuvo piedad, se tragó la arena blanca y dejó sin esa parte de la playa y sin ese tramo del sendero al parque caribeño.

Cuentan que ahí el cambio empezó entre el 2015 y el 2016. De pronto el mar se apoderó de ese sector y nunca devolvió la playa.

En las últimas dos décadas, el mar Caribe frente a la costa centroamericana ha tenido una tendencia al aumento, poniendo en jaque a las comunidades costeras de esa región del continente.

Particularmente en Limón se ha logrado determinar -con ayuda de mareógrafos y satélites altimétricos-, un cambio en la tendencia lineal desde la mitad del siglo pasado, cuando se registró un aumento de 1,68 milímetros (mm) por año. Desde 1992 y hasta el 2012 la tendencia de aumento registra máximos extremos de hasta 2 mm por año en sectores como Cahuita.

Desde entonces, el Parque Nacional ha tenido como enemigo al mar, que con su acelerado aumento de nivel se ha convertido en un vecino incómodo y destructor de edificios, carreteras, senderos y árboles.

—Ha sido bastante. A lo largo de estos años que he estado aquí se ha visto mucho cambio— me cuenta Raquel Russel, coordinadora del Consejo Local del parque.

—Hay sectores críticos sí.

—Hay sectores críticos por culpa de algunos eventos climáticos. No se dan todo el tiempo, pero cuando ocurren son fuertes y provocan daños. El último que más golpeó fue en 2018— recuerda Russel que recién cumplió 15 años de trabajar en este lugar.

Ella se refiere a eventos hidrometeorológicos como el huracán Otto, en 2016; las tormentas tropicales; frentes fríos o sistemas de baja presión que provocan marejadas extremas y, que, de la mano de un elevado nivel del mar, hacen que muchas veces este gane terreno y acelere el proceso erosivo en la costa. A veces hasta de forma permanente. 

Las proyecciones para el Parque Nacional Cahuita apuntan que -de mantenerse la tendencia de aumento de 2 mm por año en el nivel medio del mar-, para el 2040 el incremento sería de 81 mm.

Mientras que, para finales de siglo, la IPCC estima que con una alta emisión de gas del efecto invernadero, el aumento sería entre 530 y 820 mm.

"Esos son escenarios si nosotros no hacemos nada. La premisa es que la humanidad tenga conciencia de que la inyección de CO2 nos va llevar a esos escenarios. Si cambiamos ese comportamiento humano podríamos tener escenarios con menos aumento, aun así, por más que podamos hacer ahora algo, el océano no responde inmediatamente, de manera que vamos a tener cientos o hasta miles de años con aumentos del nivel del mar que no los vamos a parar", comentó Omar Lizano, coordinador del Módulo de Información Oceanógrafica (MIO) del Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (CIMAR).

El Caribe Sur se ahoga

La playa en la que corría Reynaldo Charles detrás del balón de fútbol cuando era un niño, ya no es la misma. Ahí el mar también cambió. Ha ganado terreno y cada vez está más cerca de las viviendas al final del bulevar del barrio Cristóbal Colón, o mejor conocido como Cieneguita, en Limón.

Es enero de 2020 y los expertos pronosticaron marea alta en el Caribe. En Cieneguita, los vecinos que viven frente al mar corren para colocar sacos con arena que intenten frenar su avance; sin embargo, en varias casas la misión fracasó. El mar con el que crecieron se estableció en sus moradas. Hay que evacuar al salón comunal donde los atienden con colchonetas hasta que su vecino furioso decida salir. Muchas cosas se perdieron.

—Para nadie es un secreto que el calentamiento global está afectando al mundo entero y se debe trabajar duramente en contener eso. Nos preocupa porque cada vez hay más afectación.

—¿Esto se ha hecho más común en los últimos años?

—Sí, sobre todo en noviembre, diciembre y en enero cuando hay temporales— me dice Charles, quien preside la Asociación de Desarrollo Integral de esa comunidad caribeña de aproximadamente 5 mil habitantes.

Al menos una vez al año la asociación debe atender vecinos damnificados por la intromisión del mar. Un promedio de 300 casas están bajo amenaza.

Los más adultos cuentan que años atrás la playa de Cieneguita tuvo hasta 50 o 60 metros para el disfrute de turistas y locales que semanalmente visitan ese barrio. Ahora las cosas han cambiado.
 
Entre el 2010 y el 2016 el proceso de erosión costera se triplicó en esa comunidad. En la actualidad la línea de costa alcanza incluso infraestructuras como las aceras, la ciclovía y el alumbrado público del bulevar que fue construido por un bono comunal hace apenas 6 años, y que ya ha sufrido daños por el mar.

Durante ese periodo, la playa que se encuentra entre el rompeolas y el aeropuerto de Limón, registró una tasa de retroceso de 3.936 metros cuadrados por año. Los expertos consideran a esta comunidad como un punto caliente.

Para Charles, la culpa la tiene la isla artificial de la nueva Terminal de Contenedores de Moín (TCM) que según explica, —cambió las corrientes—.

—Con la construcción del muelle nuevo nos ha afectado la correntada. Antes la correntada pasaba directo entre la isla y el muelle 70, ahora pasa detrás de la isla y se come todo este sector de la playa— cuenta mientras señala la playa que va desde el rompeolas hacia el aeropuerto.
 
Los expertos señalan que la infraestructura como los rompeolas o los puertos sí pueden tener injerencia en la protección de una parte de la playa y el aceleramiento de la erosión en otro punto de la misma. Sin embargo, para el oceanógrafo, Omar Lizano, -quien trabajó junto a APM Terminals en el análisis del impacto de la TCM en la región- la teoría de una afectación en Cieneguita -u otra playa más al sur de la provincia- a partir de la construcción de la isla artificial, queda descartada.

Hoy, muchos de los árboles de almendro que posaban en la playa de Cieneguita, ya no están. Se los llevó el mar y, sobre la arena se aprecian troncos deteriorados que el agua lleva hasta ahí con las mareas altas. Ese paisaje se vuelve tradicional a lo largo de la costa caribeña.

Una investigación de la Escuela de Ciencias Geográficas (ECG) de la Universidad Nacional (UNA) identificó otras 10 playas a lo largo de la costa del Caribe Sur, donde el proceso erosivo se está presentando de forma acelerada.

Playas como Manzanillo y Gandoca; Playa Blanca y Puerto Vargas, en Cahuita; Cieneguita, el aeropuerto y Westfalia, en el cantón central; son algunas de las que están en condición crítica por el avance de la erosión.

"Es importante mencionar de que hay una transformación y esa transformación puede tener un impacto negativo sobre el uso del suelo o sobre las actividades que se dan en la costa (...) Estamos observando como el retroceso de la playa está haciendo que la vegetación costera ya haya casi desaparecido y empiece a llevarse parte de los manglares o bosque, incluso en algunos sectores es posible observar suelo o rocas y ya no playa", explicó Gustavo Barrantes, coordinador del Programa de Geomorfología Ambiental de la ECG de la UNA.

Durante la investigación que abarcó desde el 2005 y hasta el 2016, se determinó que las playas con la mayor tasa de retroceso en su línea de costa fueron: el Parque Nacional Cahuita, Westfalia y Playa Bananito. 

La erosión está reduciendo la distancia entre el mar y las comunidades costeras y con esto las deja en mayor vulnerabilidad ante los escenarios que trae consigo la crisis climática: aumento del nivel del océano y la presencia cada vez más común de eventos hidrometeorológicos extremos, que pueden significar tragedias, devastación y pobreza para cientos de familias a lo largo de la costa del Caribe.​

"Irremediablemente con los escenarios del nivel del mar que tenemos, todas esas comunidades van a tener inundaciones muy frecuentemente", mencionó el coordinador del Miocimar.

Adaptarse al cambio

El mar que baila frente a las costas de Limón seguirá en aumento durante los siguientes años. Será cada vez más común verlo tomar posesión de las viviendas al lado de la costa y destruir la vegetación y la infraestructura cercana a las playas.

Desde finales del siglo pasado, el mar frente al Caribe tico es el que más milímetros por año ha aumentado en toda la región centroamericana.

Los expertos señalan que, por cada 10 mm de aumento del mar, la costa podría retroceder hasta 1 metro. Por ejemplo, las estimaciones de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) prevén que dentro de 19 años el mar aumente hasta los 80 mm frente a Limón, lo que significaría un retroceso de la costa de hasta 8 metros.

"Los escenarios son desgraciadamente terribles, no solo para ahí, sino para todo el mundo", advirtió Lizano.

Para el presidente de la Asociación de Desarrollo de Cieneguita, la ampliación del espigón de esa comunidad, o la construcción de un rompeolas a lo largo de la playa, sería la solución para mitigar el avance del mar y proteger al barrio.

"Antes el rompeolas protegía, ya no. Yo creo que la solución de esto es meterle unos 50 metros más al rompeolas para proteger todo este sector, o que se haga la inversión que se debe hacer, para mitigar con rompeolas cada 100 metros, y así va protegiendo poco a poco", comentó Charles.

Esa sería una solución temporal, pero con un costo económico alto y sin la garantía técnica de que cumpla su función como debe ser.

"Se pueden construir estructuras sólidas como rompeolas y en algunos casos no solo rompeolas, sino alimentarlos con arena, como se hizo por ejemplo en el proyecto de APM. Eso cuesta mucho dinero, ¿tenemos el dinero para eso? esa es una buena pregunta. La otra es, ¿para cuánto tiempo creemos que pueden esas estructuras aguantar el impacto de un nuevo nivel del mar? Podrían ser 10 o 20 años", dijo Lizano.

Mientras que Gustavo Barrantes, quien ha estado monitoreando la situación en comunidades como Cieneguita, asegura que "uno de los grandes problemas es la premura. Las municipalidades a veces responden muy rápido construyendo por ejemplo acumulaciones de rocas sobre la costa, y estos diques terminan siendo proyectiles que son lanzados durante oleajes severos o son llevados al mar y no logran su fin".
 
Él aconseja a las autoridades analizar los datos de los escenarios que enfrentan las comunidades y que estudien las posibilidades de hacer mitigación efectiva y así "el dinero no se vaya al mar".

En ese sentido, la Comisión Nacional de Emergencias (CNE) estrechó lazos con los investigadores que realizan trabajos de campo en las zonas más vulnerables y formó un Comité Técnico Asesor Marino Costero con el que destinó fondos para el monitoreo que permita evaluar, medir y hacer proyecciones de los procesos de erosión y con eso tener una base para la toma de decisiones adecuadas.


Los sacos con arena se convirtieron en un aliado para proteger del mar a la infraestructura cercana a las costas del Caribe.

Tanto Lizano como Barrantes coinciden en que el ordenamiento territorial es la mejor adaptación de las comunidades costeras ante los escenarios por el aumento del vecino mar Caribe. 

"Es irremediable el tener que mover las comunidades costeras (...) Antes de que ocurra una tragedia vamos a tener que trasladar todas esas poblaciones, por ejemplo, Cieneguita. No hay otra. Yo no veo otra solución", aseguró Omar Lizano. 

De momento, ese es un rubro en el que reprueba la Municipalidad de Limón, ya que el cantón central carece de un plan regulador costero que permita proteger a las comunidades vulnerables y atraer mayor inversión turística.

Empero, este ordenamiento pronto será una realidad gracias a la firma del convenio de "implementación del plan regulador costero para el impulso del desarrollo social y económico de la zona marítimo terrestre de la Municipalidad del Cantón Central de Limón" que se ejecutará con fondos del canon de la operación de APM Terminals y que administra la Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica (Japdeva).

El proyecto fue presentado por el municipio ante el Consejo de Administración de Japdeva, donde superó las etapas de postulación, evaluación y aprobación.

"Es uno de los proyectos estrella impulsados por la Municipalidad de Limón a través del canon y es un proyecto en el marco de cara al cambio climático. Pretendemos hacer un ordenamiento de toda la franja marino costera con la finalidad también de empezar a tomar mejores decisiones", destacó Ana Matarrita McCalla, vicealcaldesa de la Municipalidad de Limón.

La firma del convenio se realizó el pasado 31 de agosto en el marco de la gira en Limón del presidente de la República, Carlos Alvarado. Se trata de una inversión de ₡406.748.198 en un plazo de 18 meses para la ejecución.
 
"Eso es lo que se puede llamar una mitigación no estructural o también prevención, que en este caso es el concepto adecuado. ¿Cómo prevenir el riesgo? Retirándolos de la costa, esa es una forma", comentó Barrantes al ser consultado sobre el ordenamiento costero.

El SINAC y el Consejo Local del Parque Nacional Cahuita desarrollan acciones prioritarias de mitigación y de adaptación de cara a la crisis climática.

En Cahuita, luchar contra el cambio climático es algo que se toman de forma muy seria. Porque seria es la afectación que están teniendo desde que el mar cambió su trato con el parque.
 
—Tendremos que inventarnos algo— me dice Nicol mientras caminamos por el entrecortado sendero Perezoso.

En algunos puntos de ese recorrido, debemos dejar el bosque y pasar por algo que ya ni merece ser llamado playa, porque lo que queda de arena es muy poco, y el mar ya nos moja los zapatos y nos empuja contra la tierra.
 
Para poder seguir el camino, hay que ir esquivando troncos. Algunos de ellos son gigantes, y estuvieron hasta por 100 años o más sirviendo de protección de la costa. Hasta que el mar cambió y con furia poco a poco se fue acercando y terminó por derribar a una gran parte de estos centenarios.

La crisis climática hizo que el recorrido por este sendero se convirtiera en un cementerio de árboles robustos. Lo que deja en evidencia la magnitud de lo que está ocurriendo.

—Podría ser un sendero elevado—doy como innovadora idea.

Lo cierto es que desde hace años este parque ya los ha implementado, precisamente en esos puntos donde ya el mar hace suponer que en poco tiempo llegará y hará trabajar a Nicol y sus compañeros en habilitar el paso más adentro.

Este tipo de senderos elevados es una de las medidas que el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac) y el Consejo Local han desarrollado en Cahuita en el marco de las acciones prioritarias de mitigación y adaptación al cambio climático y a través de un Plan Maestro de Infraestructura con Adaptación.

Ya cae la tarde y hemos caminado casi 4 kilómetros desde que nos adentramos en el sendero Playa Blanca en la entrada principal. Estamos próximos a llegar a Punta Cahuita.

Un grupo de 3 turistas franceses reposan sobre un gran tronco anclado en la arena. El mar les besa los pies cansados de tanto caminar. Arrieta les advierte de las mantarrayas que les gusta esconderse debajo de los troncos sumergidos.

Este punto es uno de los identificados con una "sensibilidad muy alta" ante la expansión del mar que en promedio es de 1 metro allí.

A esa conclusión se llegó gracias a un estudio de sensibilidad del Parque Nacional ante el cambio climático, desarrollado con el apoyo del Proyecto de Biodiversidad Marino Costero de Costa Rica-Desarrollo de Capacidades y Adaptación al Cambio Climático (BIOMARCC).

Otro de los esfuerzos es el "Plan de Mitigación y Adaptación al Cambio Climático para el Parque Nacional Cahuita", con el que el Sinac con la donación de BIOMARCC y la elaboración técnica de Lenin Corrales, definieron una serie de opciones e ideas para comenzar a incorporar acciones que preparen al área para ajustarse a los cambios del clima.

"Los eventos documentados hasta ahora muestran la necesidad urgente de la puesta en marcha de opciones de adaptación que garanticen en el mediano y largo plazo el servicio ambiental de la recreación que el Parque Nacional Cahuita ofrece a sus visitantes", aseguró Corrales.

El plan se basa en 5 ejes principales: reducción del riesgo; manejo político administrativo, educación y concientización; desarrollo de conocimientos y coordinación intersectorial e interinstitucional.

En materia de infraestructura -además de los senderos elevados por los que hoy caminan los turistas-, el estudio sugiere una hoja de ruta para establecer las instalaciones administrativas en un lugar seguro y considerando en su construcción la arquitectura tradicional basada en pilotes, pensando en escenarios futuros.

Con esto se busca evitar que la edificación del parque corra la misma suerte que la casa de los guardaparques o el área de camping, que fueron destruidos por el mar en el sector de Puerto Vargas.

Cahuita cuenta con el arrecife más desarrollado del Caribe costarricense.

Vamos de camino a conocer el primer sendero elevado del recorrido. Ya las piernas pesan de tanto caminar. ¡Bueno! al menos las mías. Nicol hace este recorrido todos los días.

A este punto del sendero, ya el mar es un acompañante cada vez más cercano. Cada cierto tiempo una que otra lancha con varios turistas abordo pasa cerca de la costa.

—¿Ya has hecho snorkel en el arrecife? — me pregunta el funcionario.

—No, tendré que hacer el plan.

—¡De lo que te pierdes! —me dice.

De las 23.290 hectáreas marinas, 600 pertenecen a zonas de arrecifes. Por su estructura y diversidad se consideran los más desarrollados de toda la costa caribeña.

Ahí al fondo es un mundo distinto. Se pueden observar peces de todos los colores, pepinos de mar, tortugas, pez Isabelita y Ángel francés, entre otros.

El cambio climático también tiene un impacto sobre los arrecifes. Cuando el océano se calienta, produce el blanqueamiento de los corales y los pone en riesgo de muerte, haciendo que las especies que los habitan emigren.

Según datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica entre el 2014 y el 2017, la temperatura del océano provocó la muerte de un 30% de los arrecifes tropicales del mundo. Un 75% fue víctima de estrés que les ocasionó blanqueamiento.

Cuando los corales mueren, por lo general los ecosistemas arrecifales no logran recuperarse, generando un impacto económico por la reducción del turismo y de la pesca de la que viven muchos vecinos de las comunidades costeras.
 
Pero, además, los arrecifes coralinos sirven como barrera de protección de la energía de las olas sobre la costa. Un arrecife debilitado o muerto, no podrá contener el oleaje y este impactará con toda su fuerza a la playa, provocando aumentos en la erosión y daños en la infraestructura.

"El arrecife de Cahuita, al levantarse (por el terremoto de Limón en 1990) cambió la forma en la que las olas estaban llegando y entonces eso también generó una dinámica distinta. Ahora el arrecife también parece que perdió esa protección. Se está hundiendo y entonces está cambiando el patrón del oleaje, -además del aumento del nivel del mar-, el patrón de las olas en el arrecife cambia y produce una dinámica asociada a un proceso de erosión", explicó Omar Lizano. 

Es por eso que, como parte del plan de adaptación y mitigación, el Parque Nacional ha liderado esfuerzos de concientización con los turistas y los vecinos del poblado para, entre otras cosas, realizar campañas de monitoreo, limpieza y protección del arrecife. Tal es el caso de las campañas de control del pez León, especie que contribuye con el deterioro de este ecosistema tan valioso para las comunidades costeras.

También campañas de limpieza de playas; de protección de las tortugas que desovan en la zona -y que cada vez tienen menos espacio-, y de educación ambiental en las escuelas del Caribe Sur del país.

—Es muy duro porque ya el cambio está hecho— me dice la coordinadora del Consejo Local, al tiempo que me detalla las campañas que realizan con voluntarios para hacer conciencia sobre lo que ocurre en ese sector y en el mundo.
 
Yo la escucho con atención en la caseta que está protegida por más de 8 mil sacos de arena y donde 3 rótulos grandes se cruzan en el camino de los turistas para explicarles y advertirles los escenarios que el parque está enfrentando por el cambio climático.

Ellos apenas iniciarán el recorrido por el sendero del que yo recién llegué. Posiblemente muchas de las partes por las que caminarán estarán bajo el agua en unos años. Quizás pocos.

En Cahuita entendieron que su vecino solidario ahora cambió, para siempre. Seguirá subiendo su nivel, ganando terreno y haciendo más grande aquel cementerio de árboles. Pero no se quedan de brazos cruzados. Al final saben que no tienen otra opción: adaptarse o quedar bajo el agua.

Escrito por: Jason Ureña. / Mentores: Luis Ortiz, Alejandra Vargas. / Fotografía: Christian Barquero.

Agradecimiento: Limón TV, Videa Audiovisuales, Televisora de Costa Rica.