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Esta semana la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) dio a conocer el caso de don Rodolfo, un costarricense que ha pasado 54 de sus 61 años en un hospital luego de ser abandonado por sus familiares cuando era niño. No es el único.

Hasta esta semana, el hospital psiquiátrico Roberto Chacón Paut, donde vive don Rodolfo, reportaba otros 40 pacientes institucionalizados, entre ellos cuatro adultos mayores, algunos también con años de haber sido abandonados.

¿Cómo es esto posible?

“Anteriormente las personas que tenían alguna condición de salud mental eran institucionalizadas en relación a todos los mitos y estereotipos que se manejaban en cuanto a esta población, no había recursos estatales o institucionales, no conocíamos los sistemas de educación especial en ese momento que permitían la inclusión de esta población como el resto de todas las personas en sistemas educativos y las familias tenían poca información.

“Tampoco había fármacos adecuados para tratar los efectos de todas estas condiciones de salud mental, entonces muchas familias, asociadas a situaciones de pobreza y privación sociocultural, el único recurso que tenían era institucionalizar a estas personas”, explica Luisa Vargas, jefa del departamento de Trabajo Social del Chacón Paut.

La funcionaria explica que a esta situación se suma que muchos de los padres de estos pacientes eran personas mayores y que son estos los que mantienen el vínculo familiar con los internados; sin embargo, al morir ese vínculo se pierde.


Vargas añade que también hay registros vagos sobre la información de familiares, números de teléfono en desuso o que ya no corresponden a las personas registradas o bien, pacientes que eran hijos únicos y ya no tienen ningún familiar directo vivo.

“Trabajo social ha hecho por años un gran esfuerzo y revisó tomos de expedientes intentando contactar números de teléfono por ejemplo que ya no correspondían a las familias, algunos que no tenían un número de teléfono, entonces sí se ha hecho un trabajo de búsqueda y de intento de contacto, en algunos casos la búsqueda ha sido efectiva y se ha logrado hacer el contacto también mediante el Registro Civil, pero pocos usuarios han logrado ser reubicados con sus familias”, añadió.

Incluso cuando hay familia lo primero que hay que hacer es reactivar el vínculo familiar, porque esa persona ingresó al hospital siendo un niño o un adolescente y ahora lo que tenemos es un adulto joven o un adulto mayor, donde pasaron 30 o 50 años sin verlo se convierte para mí en un desconocido, entonces el primer trabajo tiene que ser reconstruir ese vínculo familiar y las dinámicas y formas cambian.

Hay más graves

Por increíble que parezca, el caso de don Rodolfo tampoco es el más grave cuando se habla de pacientes institucionalizados.

La Caja Costarricense de Seguro Social tiene registros de una paciente que estuvo 55 años también en el hospital Chacón Paut y que fue recientemente reubicada en un hogar de larga estancia gracias a una ONG.

“Sacar a una persona de un lugar donde ha vivido toda su vida requiere de un proceso de readaptación y adaptación y para eso hay un equipo interdisciplinario detrás de cada uno de estos casos bajo un enfoque de derechos humanos donde lo que buscamos es mejorar condiciones de vida no violentar derechos humanos, para que este proceso de reinserción sea agradable para todos, para usuarios, familias y organizaciones”, dijo Vargas.

La experta aseguró que este protocolo se aplicará también con don Rodolfo y el resto de los 40 pacientes que, como él, viven en el hospital psiquiátrico de Cartago, pues la saturación hospitalaria que enfrenta el país por culpa de la pandemia del COVID-19 obligó a trasladar a este tipo de usuarios con el fin de liberar camas.