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Sobrevivir en la Liga de Ascenso para un futbolista puede llegar a ser más duro que en la Primera División.

Cada balón se disputa a muerte, pues en la mente de las jóvenes promesas hay hambre por resaltar. Un apetito voraz que se alimenta de sueños.

Pocos logran destacar y brillar en la máxima categoría. La mayoría de ellos, pasan sin pena ni gloria y terminan abandonando esos objetivos.

Carlos Barahona, goleador y figura de Jicaral Sercoba, es uno de los que se ha mantenido en pie con sus convicciones.

El eterno sueño tiene a Barahona como el mejor goleador activo de la Liga de Ascenso con 142 tantos tras comenzar desde el ya lejano 1999 con Naranjo y militar con San Ramón, Grecia, Club América, AD Guanacasteca y Municipal Liberia.

El ariete, cercano a cumplir los 34 años, ha hecho toda una vida en la Segunda División y sabe en carne propia las durezas de esta competición.

“A nivel futbolístico la Liga de Ascenso es muy dura. Son jugadores que la mayoría trabaja, entonces al momento del partido van mucho al choque, de mucho roce… se matan por cada pelota”, menciona.

El éxito de Barahona va mucho de la mano con Jicaral.

Cuando su carrera parecía poco clara, fue invitado a formar parte de un proyecto que el mismo lo vio nacer, aquel que cuatro años después lo tiene a un paso de un impensable nuevo ascenso a la máxima categoría.

“Muchos nos critican por ser un equipo de pueblo. Pero ni la Liga, ni Saprissa, ni cualquier otro equipo, nació grande. Y así vamos nosotros, creciendo poco a poco. La gente a veces es muy ingrata y nos cuestionan que qué vamos a ir a hacer a Primera, pero es la esperanza de todo un pueblo por querer sobresalir lo que nos impulsa”.

En Jicaral, Barahona encontró comodidad. El oriundo de Naranjo llegó al pueblo de poco más de 10.000 habitantes comprometido por un proyecto que surgió en el 2013 cuando “cercaron la cancha del barrio” y que ahora está próximo a inaugurar su nuevo estadio.

Incluso encontró el amor con su actual novia quien es de la localidad y desde ya habla de estudiar educación física para entrenar a las ligas menores del equipo cuando se retire, en una muestra de agradecimiento al equipo.  

Y es que el éxito de Jicaral va de la mano con la del goleador, ya que de sus 142 goles en Segunda, 58 los ha marcado con los porteños. Esto significa el 23% del total de goles del equipo en toda la historia de la Liga de Ascenso.

En el actual torneo lleva 18 goles (24% del total del equipo) de los 76 que acumulan los jicaraleños en el certamen, nueve en el torneo de Apertura, donde quedaron campeones, y lleva otros nueve tantos en el Clausura.

Un matador muy humano.

El goleador tuvo un bautizó muy temprano en el fútbol, pues aún siendo un chiquillo llegó a debutar con Naranjo en Liga de Ascenso apenas a los 16 años.

Dos años después ascendió con el Municipal Liberia y las vueltas del fútbol hicieron que un tal Orlando de León tomara las riendas del equipo.

De León (q. d. D. g.), uno de los entrenadores con mayor trayectoria en la Segunda y visionario de nuevos talentos, lo puso a jugar en Primera División, precisamente en un partido ante Carmelita en el Eliecer Pérez Conejo de Sarchí.

“Él me dio esa convicción de poder alcanzar las cosas. Él creyó en mí cuando estaba joven y no dejó de creer en mí en ningún momento. Le debo mucho”.

Don Orlando abandonó el equipo y se marchó a San Ramón. Desde ahí repatrió a Barahona, donde consiguió otro ascenso en el 2003, en una disputada final ante la Universidad de Costa Rica.

Con los moncheños jugó tres temporadas completas en la máxima categoría, eso sí, tuvo que variar su posición y “camuflar” su olfato goleador desde el lateral izquierdo.

“Habían muchos delanteros y de mayor experiencia, así que son esos momentos que en que se toman decisiones en la vida y siempre he tenido mucha disciplina táctica que me ayudó mucho”, mencionó el ariete de perfil zurdo.

Con Ramonense consiguió su único tanto en Primera División al Santos de Guápiles en el estadio Vargas Roldán.

En el 2006 descendió con San Ramón y se quedó en Segunda, por lo que regresó a Naranjo. También tuvo un paso por los equipos de América, Guanacasteca y un breve periodo con Alianza de Panamá en el 2010, para terminar vinculado a Municipal Grecia en 2013.

Barahona, quiso abandonar su sueño y en el 2012 estuvo alejado de las canchas.

“Estuve fuera de las canchas por un año. Trabajé en Importadora Monge en Naranjo. Pero ahí me contactaron de Grecia y me dijeron que entrenara con ellos por las noches y así regresé otra vez a jugar. Entrenaba por las noches y trabaja en el día, así me mantuve por dos años”.

Fue hasta que Jicaral lo escogió para comenzar a escribir otra historia de ensueño y con el que espera poder darle otra alegría al recuerdo de su madre, fallecida en el 2009.

Su meta es ascender y por lo menos mantenerse unas cuantas temporadas en Primera División y así honrarla.

“Ella era súper fanática del fútbol y quiero cumplirle eso (llegar a Primera). Ella siempre me alentó en todo y cuando ella falleció dejó a mi hermanita de tres años y fue algo muy duro. Quiero que mi hermana se sienta orgullosa de uno y que sepa que puede luchar por los sueños a pesar de la edad.

Barahona, El Matador, o simplemente Cali, como le apodan por las calles jicaraleñas, espera dar un primer paso en búsqueda de su objetivo este domingo cuando visiten a Municipal Grecia en el primer partido de la final del Torneo de Clausura 2017.

“Jicaral ya no es el equipo de barrio de solo ir a jugar los domingos sin entrenar ni nada y creo que hay que ir implementando esa disciplina de profesionalismo y ahí está el trabajo de los más experimentados.

“Uno puede contar las experiencias para que los más jóvenes no cometan algunos errores que uno tuvo y así tengan una trayectoria mejor a la de uno”.

Este partido se disputará en el Allen Riggnioni de Grecia a partir de las 11 a. m.