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Desde el arranque del torneo la Unafut estaba clara en que el COVID-19 llegaría al fútbol nacional.

La idea era combatirlo e impedir que ganara. Era como si la Unafut se preparara para recibir goles, pero había que impedir la mayor cantidad y de paso ganar el juego.

Para ello se ideó una forma en la que el Torneo de Apertura 2020 tuviera varias etapas. La primera una ronda de todos contra todos dividido en dos grupos y enfrentamientos solo entre ellos.

La segunda etapa consistiría en otra vuelta entre los rivales de cada grupo; para disputarse una tercera etapa con cruces entre los equipos de cada grupo.

Esta etapa solo se realizaría si la COVID-19 lo permitía, por lo que se puso la fecha 10 como el punto decisivo, de alcanzar o superar esta fecha el campeonato no se suspendería y se podría suspender y dar paso a las semifinales; de suceder antes, el torneo se declararía desierto.

Evolución del estallido.

Los primeros casos en salir a relucir fueron los casos de Cartaginés en el mes de agosto, club que justo antes de iniciar el torneo registró tres jugadores positivos.

Esto postergó su participación en el certamen. Los tres casos obligaron al aislamiento de todo el equipo lo que provocó los primeros reclamos por parte del plantel brumoso con la necesidad o no de aislar por completo a todo el plantel pese a que fueran contados los positivos.

A finales de agosto la sombra del coronavirus volvió a aparecer en el fútbol nacional al registrarse el primer caso en el Deportivo Saprissa.

Los morados realizaron inmediatamente pruebas a todo su plantel y determinaron un caso más. Todos fueron aislados nuevamente y se incrementó todavía más los cuestionamientos a si tener que paralizar la participación por uno o dos casos.

Durante el aislamiento otro jugador volvió a sentir los síntomas y el club decidió no sumarlo a las cuentas ya que se encontraba en aislamiento desde hace varios días, por lo que solamente se le amplió su periodo de cuarentena.

Tras estos casos en el Cartaginés y el Saprissa el fútbol tuvo una sospechosa tranquilidad, y mientras en otras ligas del mundo se reportaban a granel, el fútbol nacional parecía seguir invicto, con muy pocos casos y bien manejados.

Incluso se insistió en cambiar el aislamiento de todo un equipo cuando fueran solo contados los positivos, pero el Ministerio de Salud rechazó en un principio esta norma.

Así transcurrieron las fechas hasta la semana anterior, donde la bomba estalló.

Al limite de la suspensión.

Cuando el fútbol parecía ingresar a una leve calma en los casos COVID-19 y ya tomaba fuerza aquello de solo aislar a los jugadores positivos, apareció un nuevo, y más grande brote, en San Carlos.

A inicios de octubre, los norteños detectaron un caso sospechoso y de inmediato se encendieron las alarmas, más que era apenas la fecha 8 y el miedo de la suspensión volvió una vez más.

Al final los norteños, que en un principio no indicaron los casos, contaban con 13 casos positivos en su plante, entre parte deportiva y administrativa.

De inmediato se suspendieron todos sus juegos y los norteños terminarán el próximo lunes su cuarentena, debiendo así dos juegos al calendario.

Con la ausencia de San Carlos se disputó así la fecha 8 y 9, pero el sábado anterior, una vez finalizado el juego entre Guadalupe y Alajuelense, un futbolista comenzó a sentir síntomas y todo el plantel rojinegro fue sometido a pruebas.

Este martes los manudos confirmaron 11 futbolistas contagiados, la mayor cantidad de jugadores hasta el momento, y se determinó a aislar a todo el resto del equipo.

Los manudos volverán de su cuarentena obligada hasta el 20 de octubre aproximadamente lo que pone en riesgo no solo la fecha 10, sino su participación en Concacaf.

Ahora solo queda esperar cuántos más jugadores pudieron verse contagiados en el lado de Guadalupe, aunque las previsiones no son alentadoras tras el partido del sábado.

Los brotes de COVID-19 estallaron en el fútbol nacional justo antes de la decisiva jornada 10 del torneo, es decir, que de darse un brote masivo o haber más clubes afectados se procedería a jugar dicha jornada completa y ahí suspender el certamen y pasar a semifinales, eliminando así la fase 3 de partidos intergrupales.

De jugarse la fecha 10 el torneo transcurriría con normalidad y al momento de presentarse un brote masivo, se suspendería en la jornada que se dispute y el corte de puntos para conocer clasificados y clubes que disputarán el descenso se realizará hasta esa fecha.

Es decir, estamos ante la posibilidad de que el torneo, en su primera fase, acabe más pronto de lo que esperamos.

Aunque el campeonato nacional ha demostrado que el fútbol y la COVID-19 pueden llegar a convivir siempre y cuando no se den brotes masivos.