Por AFP Agencia 3 de junio de 2026, 7:33 AM

Con un total de 104 partidos, sinónimo de cascada de dólares, el Mundial 2026 es el triunfo de la ambición expansionista del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, pero la geopolítica y los recursos judiciales amenazan con impactar negativamente su apuesta por una reelección.

Mina de oro y clave en reelección.

Tras llegar a la cabeza del fútbol mundial en 2016 y después de ser reelegido sin oposición en 2019 y 2023, el dirigente italosuizo ha citado el 18 de marzo de 2027 en Rabat a los delegados de las 211 federaciones miembro de la FIFA para alargar su mandato.

Entre medias, la prueba de fuego de cada mandato: el Mundial masculino, históricamente la mayor fuente de ingresos de la FIFA, que en esta edición pasa de 32 a 48 equipos y cuya organización está dividida por primera vez entre tres países: Estados Unidos, Canadá y México (11 de junio al 19 de julio).

Ese gigantismo lleva la firma de Infantino, de 56 años, deseoso de ampliar las competiciones FIFA, llegando incluso a imponer el pasado verano boreal un primer Mundial de Clubes de 32 equipos.

De esta manera, al aumentar los ingresos por entradas, derechos televisivos y patrocinios, ha prometido incrementar un 72% los ingresos de la institución en comparación con su ciclo precedente.

Electoralmente, se ha ganado el aprecio de 16 federaciones suplementarias presentes en la fase final del torneo, con la posibilidad de que el Mundial 2030 cuente con 64 equipos, propuesta sudamericana que no ha sido rechazada públicamente por la FIFA.

Además, Infantino está a punto de regar con más dinero al planeta fútbol. La capacidad de redistribución de la FIFA es, de lejos, el punto más importante para cualquier presidente.

Cada federación cuenta con voto y tiene garantizados los mismos fondos, independientemente de su tamaño, un añadido considerable para los grandes países pero, sobre todo, una fuente indispensable para la mayoría de los votantes.

Halagos y "gobernanza excéntrica".

Si cada Mundial implica mantener buenas relaciones con el país anfitrión, Infantino ha hecho un esfuerzo particularmente notable para entenderse bien con el presidente estadounidense, Donald Trump, desde elogios a su política interior a la atribución de un Premio FIFA de la Paz creado para la ocasión.

Incluso los detractores del italosuizo han considerado esta estrategia como racional, ya que el buen desarrollo del torneo en términos de seguridad, recibimiento a los participantes y a sus aficionados, depende del imprevisible dirigente estadounidense.

Pero, ¿con qué resultado? Tras ser atacado a finales de febrero por Estados Unidos e Israel, Irán ha tenido que mover su campo base a México y ha acudido a la FIFA, sin noticias por el momento, para que Washington garantice a sus jugadores visados "de entradas múltiples" para los tres partidos en Los Ángeles y Seattle.

"La gobernanza de la FIFA es absolutamente excéntrica: todo el mundo espera que Gianni llame a Trump. Su cercanía debería haber permitido resultados más rápidos, pero todo tarda demasiado", dice a la AFP una fuente cercana a las instituciones del fútbol.

Incluso la flexibilización a mediados de mayo por Washington del pago de fianzas para la petición de visado, que puede alcanzar hasta 15.000 dólares para los ciudadanos de 50 países, llega "demasiado tarde para los aficionados afectados", lamenta esta fuente.

La sombra judicial.

La política de precios de las entradas instaurada por la FIFA varía en función de la oferta y la demanda y no da garantías sobre la localización de las butacas.

Pero promete aumentar casi el triple los ingresos por venta de boletos, a costa de unas prácticas "opacas y desleales", según denuncia desde hace meses la organización Football Supporters Europe (FSE).

En marzo, la FSE presentó una denuncia en la Comisión Europea por "abuso de posición y monopolio", que se convierte en el segundo caso de la justicia europea que amenaza la FIFA, tras la iniciada en 2024 por las ligas europeas y el sindicato FIFPro sobre el calendario internacional.

Los casos judiciales no se limitan a Europa, ya que los fiscales generales de Nueva York y Nueva Jersey acaban de abrir una investigación por "prácticas de boletería", invitando también a los habitantes de ambos estados a denunciar si se sienten afectados.

"La FIFA nos ha repetido que se estaba adaptando a la realidad del mercado estadounidense. Si se demuestra que ni siquiera están en conformidad con el derecho local, se trataría de una clara contradicción", dice Ronan Evain, director ejecutivo de FSE.



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