Los últimos boyeros de Costa Rica caminan contra el tiempo para salvar una tradición
Este documental de MQN recorre comunidades donde aún sobreviven familias que mantienen vivo el oficio boyero que marcó la historia rural del país y que hoy enfrenta el desafío del relevo generacional.
El sonido pausado de las carretas avanzando sobre la tierra todavía se escucha en algunas comunidades de Costa Rica. No es un eco del pasado: es una tradición que sigue viva gracias a hombres y mujeres que se resisten a dejarla desaparecer.
El oficio boyero, uno de los símbolos más reconocidos de la identidad rural costarricense, enfrenta hoy uno de sus mayores desafíos. Cada vez son menos las personas que continúan con esta práctica que durante generaciones fue parte fundamental de la vida campesina y del desarrollo del país.
Aun así, en comunidades como Cañas de Guanacaste, Venecia de San Carlos y San Antonio de Escazú todavía hay familias que mantienen vivo el vínculo con los bueyes, las carretas y el orgullo de un oficio heredado.
Para ellos, ser boyero no es únicamente una actividad tradicional. Es una forma de vida transmitida de generación en generación, marcada por el respeto hacia los animales, el cuidado de las carretas pintadas y el profundo significado cultural de esta labor.
Sin embargo, el relevo generacional se ha convertido en uno de los mayores retos. Los comités de boyeros en muchas comunidades se han reducido con el paso de los años y cada vez resulta más difícil encontrar jóvenes dispuestos a continuar con la tradición.
A pesar de ese escenario, quienes permanecen lo hacen con convicción. Siguen preparando sus bueyes, cuidando las carretas y participando en celebraciones que recuerdan el papel histórico de los boyeros en Costa Rica.
Uno de esos momentos se vivió el pasado domingo 8 de marzo de 2026 durante el Desfile Nacional del Boyero en San Antonio de Escazú, una actividad que reunió a representantes de distintas comunidades y reafirmó el valor cultural de esta tradición.
El oficio boyero todavía tiene presencia en varios puntos del país. Entre ellos destacan San Rafael de Guatuso, Upala, San Isidro de Heredia, Santo Domingo de Heredia, Guápiles, San Rafael de Alajuela, Puriscal, Guayabo de Mora, Tabarcia, Mora, Tierra Blanca, El Guarco, Llano Grande y San Rafael de Oreamuno.
En cada uno de esos lugares persisten personas que continúan caminando al ritmo de los bueyes, defendiendo una herencia que ha acompañado al país durante generaciones.
Este especial, presentado en formato de documental, se acerca a esos guardianes silenciosos que siguen protegiendo una tradición que forma parte del patrimonio cultural costarricense.
Para conocer sus historias y ver cómo esta tradición se mantiene viva, puede repasar el reportaje completo en el video que aparece en la portada de este artículo.

