Lleva más de 30 años limpiando Zarcero y su forma de trabajar no pasa desapercibida
William Loria, conocido como Caravina, convirtió la recolección en un espectáculo cotidiano que contagia alegría a quienes lo ven trabajar.
En las calles de Zarcero, donde la rutina suele avanzar sin mayores sobresaltos, hay una presencia que rompe con lo cotidiano.
No es difícil reconocerlo. Lleva una escoba, empuja un carretillo y recorre el parque y las aceras con la constancia de quien ha hecho del trabajo un hábito de vida. Pero lo que realmente lo distingue no es lo que hace, sino cómo lo hace.
William Loria, conocido por todos como Caravina, lleva más de tres décadas trabajando como recolector para la municipalidad. Desde 1990, su jornada ha sido la misma en esencia: limpiar, ordenar y mantener los espacios públicos del cantón. Sin embargo, con el paso del tiempo, su forma de asumir esa labor la transformó en algo distinto.
Mientras barre o recoge basura, Caravina baila. Se mueve al ritmo de la música que parece llevar consigo, aunque no siempre se escuche. Saluda a quienes pasan, lanza bromas y convierte cada trayecto en una escena que arranca sonrisas.
Para muchos vecinos, verlo trabajar es parte del día.
Su presencia no solo cumple una función práctica, sino también emocional. En medio de la prisa o la rutina, su actitud introduce un momento de ligereza, una pausa breve que cambia el tono del entorno.
Fuera de su labor como recolector, William también es conocido por su espíritu festivo. Es bailarín y noviero, participando activamente en actividades tradicionales del cantón, donde su energía encuentra otro escenario para expresarse.
Esa combinación entre trabajo, alegría y cercanía es la que lo ha convertido en una figura emblemática de Zarcero.
Si desea conocer más sobre la historia de Caravina, su apodo y las anécdotas que lo han convertido en un personaje único, puede repasar el reportaje completo en el video que aparece en la portada de este artículo.

