Por Rubén McAdam 29 de septiembre de 2026, 18:55 PM

Para Eugenia Valerio Ellis, una meta mide exactamente 42 kilómetros con 195 metros. Los ha recorrido en Berlín, Chicago, Boston y Tokio, y ahora se prepara para sumar Nueva York a una lista de maratones que comenzó mucho después de enfrentar uno de los cambios más importantes de su vida. Eugenia es corredora paraatleta y completa cada recorrido acompañada por un guía, quien se convierte en sus ojos durante la competencia. En muchas de esas aventuras, a su lado ha estado Desiderio Solano Umaña (ver video adjunto).

Eugenia perdió la visión a los 15 años debido a una enfermedad degenerativa. El diagnóstico transformó su vida durante una etapa en la que apenas comenzaba a descubrir quién quería ser, pero también apareció una recomendación que terminaría marcando su futuro. 

Su médico le aconsejó encontrar una actividad que realmente disfrutara y que pudiera realizar sin depender de la visión. Fue entonces cuando comenzó a acercarse al deporte.

Encontrar un nuevo camino

Correr y practicar ciclismo se convirtieron en espacios donde Eugenia descubrió nuevas posibilidades. Con el tiempo, aquella actividad recomendada para mantenerse activa comenzó a transformarse en disciplina, entrenamientos y objetivos cada vez más ambiciosos. Los kilómetros aumentaron hasta que las carreras dejaron de ser solamente una afición. Eventualmente, Eugenia comenzó a enfrentarse a uno de los grandes desafíos del atletismo: el maratón.

Para completar esas distancias, el trabajo junto a su guía resulta fundamental. Desiderio Solano Umaña la acompaña durante el recorrido y ambos deben correr como un equipo, coordinando ritmo, movimientos y las indicaciones necesarias sobre aquello que aparece en el camino. Durante 42 kilómetros, la confianza deja de ser solamente una palabra. Cada paso requiere comunicación y una conexión construida durante incontables horas de entrenamiento.

Esa fórmula ya ha llevado a Eugenia por algunas de las carreras más reconocidas del mundo. Ha completado los maratones de Berlín, Chicago, Boston y Tokio, y ahora tiene otro nombre esperando en el calendario: Nueva York. Cada ciudad representa kilómetros de preparación antes de siquiera colocarse en la línea de salida.

Boston, una meta que primero tuvo que ganarse

Entre todas esas experiencias, Eugenia considera su clasificación al Maratón de Boston como uno de sus mayores logros. Llegar hasta esa línea de salida implicó cumplir con los requisitos deportivos necesarios para obtener su cupo, después de demostrar su rendimiento en otras competencias. Por eso, para ella Boston comenzó mucho antes del día de la carrera. Primero tuvo que correr para ganarse el derecho de volver a correr.

Décadas después de aquel diagnóstico que cambió su vida a los 15 años, Eugenia continúa encontrando nuevos lugares a través del deporte. La joven a quien alguna vez le recomendaron descubrir una actividad que pudiera apasionarla terminó convirtiéndose en una maratonista capaz de recorrer algunas de las rutas más emblemáticas del mundo.

Ahora Nueva York aparece como el siguiente desafío. Serán nuevamente 42 kilómetros y 195 metros, miles de pasos y una meta esperando al final. Eugenia no necesita verla para saber exactamente hacia dónde quiere llegar.

Quienes deseen seguir sus próximas carreras, pueden encontrarla en Instagram como @eugenia_valerio_eliss.

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