Por Rubén McAdam 24 de febrero de 2026, 18:40 PM

En La Fortuna, el agua dejó de ser solo un espacio de recreación para convertirse en una herramienta de bienestar físico y emocional. Así lo demuestran las historias que se tejen cada semana en la Piscina de ADIFORT, un proyecto comunitario que cumple su primer año transformando la vida de decenas de vecinos.

La iniciativa nació como parte del compromiso de la Asociación de Desarrollo Integral de La Fortuna con la salud y la calidad de vida de la comunidad. El objetivo fue claro desde el inicio: ofrecer un espacio gratuito donde las personas pudieran ejercitarse, convivir y fortalecer su bienestar sin que el acceso económico fuera una barrera.

Entre quienes encontraron en este lugar una nueva oportunidad están Soledad Zúñiga y Lourdes Arias. Ambas llegaron cargando no solo sus trajes de baño, sino también procesos personales complejos. Enfrentaban cuadros de depresión y problemas en las articulaciones que limitaban su movilidad y su rutina diaria. El agua, sin embargo, les abrió una puerta distinta.

En la piscina descubrieron una forma de moverse sin dolor y, al mismo tiempo, un espacio de encuentro con otras personas que atravesaban experiencias similares. Con cada sesión, el cuerpo respondió al ejercicio y el ánimo comenzó a fortalecerse. La risa, las conversaciones y el acompañamiento colectivo se volvieron parte esencial de su recuperación.

El trabajo del instructor Esteban Cruz ha sido clave en ese proceso. Con paciencia, energía y cercanía, guía las rutinas acuáticas dirigidas principalmente a la población adulta mayor. Más que impartir ejercicios, ha logrado construir un ambiente donde el respeto y la convivencia fortalecen el sentido de comunidad.

Cada semana, más de 20 adultos mayores se reúnen en la piscina. Allí realizan ejercicios, bailan dentro del agua y comparten historias de vida. Lo que sucede en ese espacio va más allá de la actividad física: es un punto de encuentro donde el movimiento se convierte en una forma de aliviar el cuerpo y el espíritu.

En La Fortuna, este proyecto comunitario demuestra que cuando las iniciativas nacen desde la organización vecinal, el impacto se multiplica.

Puede repasar el reportaje completo y conocer más sobre esta historia en el video que aparece en la portada del artículo.

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