Esta niña de Grecia escribió un cuento y su imaginación la llevó a un premio nacional
Catalina Alvarado, estudiante de tercer grado, obtuvo el segundo lugar en un certamen nacional gracias a una historia que nació entre libros, familia y escuela.
En un aula de la escuela de San Francisco, en Grecia, una historia comenzó a tomar forma sin anunciar lo que vendría después. Era un ejercicio más, una tarea que partía de la imaginación, pero que terminaría cruzando fronteras más allá del salón. La autora es Catalina Alvarado, estudiante de tercer grado, quien con su cuento “Cata y las aventuras de la selva” logró el segundo lugar a nivel nacional en la categoría de Tercer Año del concurso Mi Cuento Fantástico.
El relato sigue a una niña llamada Cata y a su gato Mariano, quienes se adentran en el bosque en busca de aventura. El tono cambia cuando el gato se pierde, obligando a la protagonista a iniciar un recorrido distinto, uno que se construye con la ayuda de animales y que se sostiene en la búsqueda, la amistad y la persistencia. Es una historia sencilla en estructura, pero cargada de intención y emoción.
El certamen en el que participó, Mi Cuento Fantástico, impulsado por la Fundación Amigos del Aprendizaje con el respaldo del Ministerio de Educación Pública, tiene como objetivo abrir espacios para la creatividad infantil. En ese contexto, la historia de Catalina no aparece como un hecho aislado, sino como el resultado de un entorno que favorece la imaginación.
Ese entorno también se construye en casa. Catalina encuentra en la lectura un espacio constante, alimentado por el esfuerzo de su mamá, doña Joaquina Rojas, quien busca distintas formas de acercarle libros. Cuando no hay recursos para comprarlos, los consigue prestados, los copia y los conserva. No es solo un gesto, es una práctica que se repite y que sostiene ese vínculo con las historias.
La escuela, por su parte, completa ese proceso. Su profesora, Jennifer Vargas, escritora de libros infantiles, fue quien impulsó a sus estudiantes a escribir y participar en el concurso. La iniciativa no se enfocaba en un resultado específico, sino en abrir la posibilidad. En este caso, esa posibilidad encontró un resultado concreto.
Lo que ocurre con Catalina no se limita al reconocimiento. Es la convergencia de distintos elementos: una niña que lee, una familia que acompaña y una docente que orienta. En ese cruce, la imaginación deja de ser solo un ejercicio y se convierte en una herramienta.
La historia no termina con el premio. Continúa en cada página que aún no se ha escrito.
Si desea conocer más sobre su historia y ver cómo nació este cuento, puede repasar el reportaje completo en el video que aparece en la portada del artículo.

