En Acosta una pareja transformó flores y abejas en un negocio que endulza a toda la comunidad
Esta pareja de agricultores y apicultores convirtió madrugadas, flores y constancia en un proyecto que hoy produce miel artesanal y esperanza en su comunidad.
En las montañas verdes de Acosta florece algo más que naturaleza. Allí, entre cultivos y colmenas, Ligia Zúñiga y Marco Calderón construyen una historia marcada por el trabajo constante y la determinación. Son esposos, compañeros de vida y también de faena, agricultores por tradición y apicultores por convicción.
Cada jornada comienza temprano. Entre flores y tierra sembrada, atienden sus cultivos y cuidan con dedicación sus colmenas. De ese esfuerzo nace una miel artesanal que resume horas de paciencia, observación y disciplina. La apicultura no es para ellos un pasatiempo, sino una actividad que exige conocimiento y compromiso diario.
El camino no fue sencillo. En sus inicios vendían en la calle lo que ellos mismos sembraban y preparaban. Con el tiempo, la constancia y el respaldo de quienes valoraron su trabajo les permitieron levantar su propio negocio, construido paso a paso y sostenido por madrugadas y sacrificio.
Su entorno refleja lo que son. Viven rodeados de flores y montañas, en un paisaje que acompaña su rutina y su proyecto de vida. Quienes los conocen destacan su energía y su disposición permanente para seguir creciendo. Más allá de producir miel, han logrado consolidar un ejemplo de emprendimiento rural basado en el trabajo conjunto.
Conozca más sobre esta pareja y su emprendimiento en el video que aparece en la portada del artículo.

