El hombre que encontró la moneda más valiosa en Guanacaste: la felicidad
Su nombre es Carlos Villalobos, pero muy pocos lo llaman así. Para todos, simplemente es "Biyú", uno de esos personajes que parecen haber convertido la alegría en una forma de vivir.
En Tamarindo, hay un adulto mayor que difícilmente pasa desapercibido. Siempre tiene una sonrisa lista, una historia para contar y una energía que contagia a cualquiera que se cruce en su camino. Su nombre es Carlos Villalobos, pero muy pocos lo llaman así. Para todos, simplemente es "Biyú", uno de esos personajes que parecen haber convertido la alegría en una forma de vivir (ver video adjunto).
Detrás de ese curioso apodo existe una historia que comenzó muy lejos de las playas guanacastecas. Don Carlos nació en Alajuela, donde su padre se dedicaba a la agricultura. La familia sembraba vainicas y, desde muy pequeño, él recorría las calles vendiendo la cosecha. Aquella tarea le dio su primer sobrenombre: "Vainica", un apodo que nunca terminó de gustarle porque, según recuerda entre risas, ni siquiera disfrutaba comerlas.
El niño que descubrió el valor de los negocios
Aunque las vainicas no eran sus favoritas, había algo que sí lo motivaba a salir a venderlas todos los días. Le encantaba ver cómo, con esfuerzo y buena actitud, lograba ganar dinero. Poco a poco desarrolló una habilidad natural para vender y conseguir mejores ganancias con la producción de su padre. Su facilidad para los negocios llamó tanto la atención que pronto apareció un nuevo apodo.
Comenzaron a decirle "Biyú", una palabra inspirada en el popular término "biyuyo", utilizado para referirse al dinero, los billetes o a un negocio que deja buenas ganancias. El sobrenombre terminó acompañándolo durante toda su vida y desplazó incluso a su propio nombre. Hoy son muy pocas las personas que conocen la historia detrás de ese apodo.
Una vida que dio un giro inesperado
Cuando alcanzó la mayoría de edad, quiso buscar nuevas oportunidades. Eran los años en que la aviación comercial comenzaba a crecer en Costa Rica, por lo que decidió formarse como mecánico de aviones. Su trabajo le permitió conocer personas, participar en el mantenimiento de importantes aeronaves y construir una carrera estable. Sin embargo, entre el ritmo acelerado y la presión laboral, empezó a sentir que algo le hacía falta.
Fue entonces cuando pidió vacaciones y decidió viajar a Guanacaste. Lo que inicialmente sería un descanso terminó cambiando el rumbo de toda su vida. En Tamarindo encontró un ambiente completamente distinto, donde el tiempo parecía avanzar más despacio y las personas vivían con otra tranquilidad. Allí tomó una decisión que sorprendió a muchos: nunca regresó a la capital para trabajar con aviones.
La riqueza que no se guarda en los bolsillos
En Guanacaste trabajó durante un tiempo como cartero y poco a poco construyó una nueva vida. Se casó, formó una familia y descubrió que existían riquezas mucho más valiosas que el dinero que tanto había perseguido durante su juventud. Comprendió que las sonrisas, las amistades y los buenos momentos eran el verdadero patrimonio que quería acumular. Desde entonces, decidió dedicarse a repartir algo distinto: alegría.
Hoy, quienes conocen a "Biyú" coinciden en que siempre tiene una palabra amable, una ocurrencia o una historia capaz de sacar una sonrisa. Aquel niño que recorría Alajuela vendiendo vainicas terminó convirtiéndose en un hombre que encontró su mayor fortuna lejos de los negocios y los billetes. Porque, después de toda una vida persiguiendo el dinero, descubrió que la moneda más valiosa sigue siendo la felicidad compartida.

