Por Rubén McAdam 11 de febrero de 2026, 17:55 PM

En el centro de Palmares hay un local pequeño que funciona como algo más que una ferretería. Desde afuera se ve como cualquier otro negocio de tornillos, clavos y tablas, pero basta acercarse al mostrador para entender que allí también se intercambian risas, consejos y anécdotas.

Detrás de ese espacio siempre está él.

El de la sonrisa fácil.
El que sabe cómo arreglar una puerta floja o qué madera resiste mejor la lluvia.
El que despide a cada cliente con un “¡pura vida!” como si fuera un viejo amigo.

Para todo el pueblo tiene un solo nombre: Mingo.

Y, sin embargo, casi nadie sabe cómo se llama de verdad.

Hace más de cuatro décadas comenzó con una ventanita. No había rótulos grandes ni vitrinas. Apenas un espacio mínimo donde ofrecía lo que mejor conocía: carpintería, construcción y experiencia acumulada con los años.

Los vecinos llegaban por materiales, pero se quedaban por las respuestas.
¿Qué tornillo sirve para esto?
¿Cómo arreglo esta cerca?
¿Qué hago con esta puerta que no cierra?


Mingo siempre encontraba la solución.

Con el tiempo, el negocio creció. El local se hizo más amplio, llegaron más productos, pero el trato nunca cambió. Siguió siendo cercano, bromista, de esos comerciantes que recuerdan el nombre de cada cliente y preguntan por la familia.

Su apodo se volvió tan fuerte que terminó borrando lo demás.

Tanto así que ni sus propios hijos tenían claro su nombre real.

Un día, cuentan entre risas, un señor los detuvo en la calle.
—¿Ustedes son hijos de Juan Morera?

Ellos respondieron que no.
El hombre insistía.
—¡Claro que sí! ¡Son los hijos de Juan Morera!

Molestos, llegaron a la casa a reclamar.
—¿Quién es ese tal Juan Morera?

Entonces Mingo, sin drama y con total naturalidad, soltó la verdad.
Ese soy yo.

Sus hijos pensaron que bromeaba. Para ellos —como para casi todo Palmares— su papá no era Juan. Era Mingo. Y nada más.

Hoy, la ferretería funciona como punto de encuentro del pueblo. La gente compra, conversa, se queda un rato. El lugar tiene algo de taller, algo de café improvisado y mucho de comunidad.

Si desea conocer de dónde nació su famoso apodo y escuchar la historia completa detrás del ferretero más querido de Palmares, puede repasar el reportaje en el video que aparece en la portada del artículo.

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