Cuando la casa se volvió escenario y doña Tila transformó la rutina en espectáculo
Sin grandes escenarios ni artificios, doña Tila encontró en la casa un espacio para reconectar con el humor, la identidad y la resiliencia colectiva.
Todo comenzó como una estrategia personal para espantar la tristeza. En medio del encierro y la incertidumbre de la pandemia, Yolanda Matamoros dio forma a doña Tila, un personaje que nació sin pretensiones, pero con una necesidad urgente: encontrar alivio en lo cotidiano. Lo que empezó como un gesto íntimo terminó transformándose en un fenómeno de alegría compartida.
Lejos de los grandes escenarios, doña Tila encontró su tarima en la casa, el patio y el jardín. Con cantos improvisados, bailes espontáneos y una lluvia de costarriqueñismos, convirtió las labores domésticas en un espectáculo cercano, cargado de humor y autenticidad. Cada movimiento, cada refrán y cada broma conectan con un público que se reconoce en lo simple y en lo propio.
Barrer el frente de la casa, sacudir sillones, planchar ropa o limpiar el jardín dejan de ser tareas repetitivas para convertirse en actos de celebración. Las escobas hacen de micrófonos, la plancha marca el ritmo y hasta las plantas parecen escuchar los refranes que arrancan sonrisas. No se trata solo de limpiar espacios, sino de aliviar cargas.
Doña Tila no solo deja casas ordenadas. Deja ambientes más livianos y corazones acompañados. En un contexto marcado por la ansiedad y el aislamiento, el personaje demostró que la alegría también puede brotar entre quehaceres, con música, identidad y una dosis generosa de humor criollo.
Así, sin proponérselo, Yolanda Matamoros le dio la vuelta a la rutina diaria y convirtió la resiliencia en espectáculo. La casa se volvió escenario y la risa, una forma de compañía. Para conocer más de esta historia y ver a doña Tila en acción, le invitamos a repasar el reportaje en el video disponible en la portada de este artículo.

