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La agresividad en los animales forma parte del proceso de supervivencia y es necesaria para que ellos puedan proveerse de alimento, territorio y parejas.

El comportamiento canino está compuesto por expresiones corporales provocadas por distintas reacciones, desde amenazas, agresiones o respuestas de defensa. David Peiró, etólogo y director de FOGAUS Bienestar Animal, explica los puntos más importantes a tomar en cuenta para leer el lenguaje corporal de los perros y conocer las formas de apaciguarlos.

Primero, es fundamental conocer la diferencia entre agresividad ofensiva, defensiva y predatoria.

“La agresividad ofensiva consiste en un intento no provocado por conseguir algún recurso a expensas de otro, e incluye las agresiones relacionadas con el dominio social o jerárquico, y con las relaciones entre machos o entre hembras”, explicó el etólogo.

La agresividad defensiva es realizada por un individuo hacia otro percibido como instigador o amenaza. Incluye la agresividad por el miedo, la de defensa territorial, la protectora, la causada por irritación (tanto a consecuencia de un dolor como de una frustración), y la de protección de los cachorros.

“Y la agresividad predatoria está asociada al comportamiento trófico, se trata de un tipo de agresividad diferente a las anteriores. El hambre tiene un papel activador, pero el movimiento de la presa es un potente desencadenante también”, agregó el experto.

Lenguaje corporal

Por lo tanto, cuando ocurre la agresividad ofensiva, provocada por la intimidación, el perro agresor muestra el cuerpo y las extremidades rígidas, las orejas y cola erguidas. Además, los pelos de la nuca se erizan.

La mirada es fija, constante, mantenida e insistente, como en señal de reto. La intensidad y el tono de los gruñidos indicarán el grado de agresividad. Los belfos están fruncidos, enseñando solo los dientes caninos.

“En la agresividad defensiva el perro muestra el cuerpo retraído, miembros anteriores y posteriores flexionados, dilatación de pupilas, cola entre las patas y orejas plegadas. La intensidad y el tono de los gruñidos indicarán el grado de temor. Los labios estarán levantados enseñando las molares”, finalizó el etólogo.

Y en la agresividad predatoria el perro tendrá una postura agachada y de acecho. Su mirada es fija, no gruñe y tampoco muestra los dientes.

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