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Deportivo Saprissa

Saprissa-Alajuelense: un clásico para evitar el desastre

Mientras la Liga busca con desesperación el respiro de ese triunfo, Saprissa quiere evitarse el desaire de perder contra un rival en crisis en el primer clásico de su querido Paté

Juan José Herrera 8/2/2019 04:31

¿Qué más malo le puede pasar a este Alajuelense?

La pregunta puede sonar tendenciosa, pero no lo es.

La Liga llega al clásico como última de la tabla, sumida en una crisis que ahora sí, en el año del centenario, se quedó sin culpables.

No es la ambiciosa planilla construida a golpe de billetera la responsable, ni debería serlo una dirigencia que le está apostando todo a ese título.

¿El cuerpo técnico? Hernán Torres es el segundo estratega luego de apenas seis partidos disputados, debería, cuando menos, ser el último en pabellón de fusilamiento.

¿Qué queda entonces? ¿La mala planificación? Podría ser, pero en cinco años de desaires no todo pasó por ahí.

Con el peor rendimiento de toda la Primera División, hoy por hoy a los rojinegros solo debería importarles no perder el clásico, porque es lo único que les queda.

El respiro tan grande que le dejaría a los erizos ganar ese duelo de mañana en la casa de su archirrival no puede medirse ni siquiera en puntos. Para la Liga y su afición sería olvidarse un rato de la sequía, de los memes y la crisis, golpear a su enemigo donde más le duele y cuando más le duele, en el estreno en clásicos de su ídolo.

Perder, cual tragedia griega, sería sepultar la poca moral que queda en las tiendas de un equipo tan golpeado, que ahora además llora la partida de su goleador y referente, el primer clásico en este Alajuelense post McDonald.

Hernán Torres tendrá a todos menos a “Mac”, una baja que la dirigencia reconoció como sensible pero jamás letal, recordando que para eso llegó Marco Ureña, o que Jonathan Moya también está ahí, a la orden.

¿Y Saprissa?

Con ese panorama tan sombrío en la acera rojinegra, cualquiera podría pensar que el sol brilla despejado en Tibás, la sede de un choque pactado para iniciar a las 8 p. m.

Es Saprissa el favorito, segundo de la clasificación con un juego menos, uno de los clubes más ofensivos del torneo y ahora dirigido por Wálter Centeno, artífice de un romance que hace años no se veía entre la S y su afición.

Con menos de una semana en el cargo, Paté firmó un acelerado llenazo en la Cueva para el clásico, volcó a los escépticos hacia su causa y consiguió el golpe mediático que Horizonte Morado no había logrado dar en el campo.

Es la razón de que el saprissismo crea con una devoción casi ciega en el título local, un rayito de esperanza ante Tigres y un cambio radical en la idiosincrasia de un Saprissa que es grande también por él.

¿Pero qué pasa si falla?

Si para la Liga ganar el clásico va más allá de los puntos, para el Monstruo pasa exactamente lo mismo con la derrota: no duele tanto en la tabla, pero es desastroso en la grada y la moral.

Perder el primer clásico de su historia como entrenador podría no ser tan catastrófico si no viniera acompañado por esa crisis manuda y esa algarabía morada, porque es lo que toda su afición no solo quiere sino también espera, porque hundir el dedo en la llaga rojinegra gusta, pero recibir la burla eriza no tanto.

Centeno no se juega su puesto mañana, pero sin duda perdería algo de crédito en una afición que no entiende (ni entenderá) de procesos, lujos ajenos a la sed de los equipos grandes. Paté tiene que ganar porque eso es lo que se espera de él, lo que él vendió y la gente compró, ni más ni menos.

Y esa urgencia también la asume la planilla tibaseña, porque tiene que hacer valer su condición de local y descontarle a Grecia, el sorpresivo líder de este atípico Torneo de Clausura.