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Pocas veces se logran triunfos tan agrios como el logrado ante Panamá este miércoles y que le permite a La Sele clasificar insípidamente a semifinales de Copa Oro tras tres certámenes sin lograrlo.

Sí, La Sele avanza invicta hasta esta instancia superando a otros procesos que no lo lograron antes.

Pero no se puede ser ciego y hay que tener ojo crítico para reconocer que esta Selección navega por aguas plagadas de duda y que su producción ofensiva es ridícula.

La situación parece preocupar a todos menos al técnico Óscar Ramírez quien defiende a capa y espada que su planteamiento está lejano de ser timorato.

Por momentos pareciera que tanto el Machillo Ramírez como el Bolillo Gómez transfieren ese respeto que profesan en las conferencias de prensa previas a la cancha.

Timoratos ambos, poca emoción, mucho cálculo y roce tonto, con tintes de trampa para que los más desconcentrados caigan en la provocación.

La primera parte aburrió de inicio a fin. Panamá le planteó un equipo bien parado al frente a la Tricolor, que al tener la pelota en sus pies simplemente no sabía qué hacer con ella.

David Guzmán se mostró perdido en el mediocampo. A veces se le vio presionando junto a Ureña, en otras lo intentó desde entre Acosta y Waston. En fin, el libreto era confuso.

Prueba de ello fue terminar la primera mitad sin un remate al arco rival y un tiro libre mandado a la borda que ofendió al fútbol de ataque.

Es cansado ver un partido así y la afición lo sabe, pues el resultado no puede opacar lo visto en el terreno de juego. 

Para la complementaria La Sele quiso mejorar, más por vergüenza que por cambio táctico, de hecho, los últimos tres partidos entre Panamá y Costa Rica han sido casi calcados, sin cambios, sin evolución. Trabados y feos.

Pese que el miedo a anotar se le quitó a los seleccionados -el primer remate llegó hasta el 52 y desde fuera del área- y lograron golpear más a la puerta rival el nivel de juego sigue en estado crítico.

La incapacidad que arrastra esta Selección en ofensiva está alcanzando niveles de preocupación, de feria, la suerte no ayuda, ya que tras ingresar de variante Ariel Rodríguez tuvo que abandonar lesionado tras tocar solo dos balones.

Así se apagaba la única variante ofensiva que bajara el Machillo y de la única forma en la que el estratega llegó a cambiar su planteamiento.

Al final, la suerte quiso que Costa Rica accediera a las semifinales, como si de la Concacaf hubiese dependido.

Tras un cobro de tiro libre por parte de David Guzmán al corazón del área, Aníbal Godoy despejó con tan mala suerte que el balón terminó al fondo de los cordeles.

Ya con el filo del pitazo final encima, Panamá poco pudo hacer para cambiar su suerte y se aferró a su eliminación no sin antes asustar a La Sele que encontró en Patrick Pemberton su mejor jugador en el cierre del partido.

Costa Rica clasifica a semifinales mostrando un resfrío ofensivo que comienza a preocupar, sobre todo a menos de dos meses de los juegos vitales de eliminatoria ante Estados Unidos y México.

De momento el próximo sábado enfrentará a los Estados Unidos en la verdadera prueba de fuego de la Copa y el máximo ensayo de la hexagonal. 

Repase las principales incidencias del juego acá: