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Costa Rica sufrió en Guatemala. El partido en el Mateo Flores de amistoso no tuvo nada, y más bien fue casi una copia al carbón de aquellos juegos eliminatorios en suelo chapín en los que la Tricolor la pasa muy mal. 

En la previa se habló mucho del verde proceso chapín que apenas gatea en su vuelta a los ruedos internacionales luego de una sanción de FIFA, que los dejó fuera dos años del mapa futbolístico mundial.

El seleccionador nacional Gustavo Matosas envió a la cancha a un equipo titular híbrido, con Keylor Navas como capitán y con mucha juventud como Ian Smith, Allan Cruz, Jimmy Marín y Randall Leal. Si nos ponemos exquisitos, la derrota de este viernes es inadmisible, al menos en el papel.

Pero en la cancha hubo una selección de Guatemala que peleó cada balón a muerte como si se tratara el partido de sus vidas y, en frente, jugadores ticos por momento tímidos y por otros decididos a someter a los locales, pero nunca estuvieron a la altura de la intensidad chapina.

Fue Stefano Cincotta al 31’ quien echó el baldazo de agua fría en la Tricolor, gracias a un trallazo de zurda que se desvió levemente en Kendall Waston y se le escurrió en el palo derecho a Keylor Navas. Da la sensación de que el meta tico pudo hacer más.

Hubo una figura inesperada en el Mateo Flores. Esta vez no fue el portero del Real Madrid. El protagonismo se lo llevó su colega chapín, el arquero Nicholas Hagen quien se encargó de ahogarle el grito de gol en tres ocasiones clarísimas a Costa Rica en un mano a mano primero con Joel Campbell, luego Leal y posteriormente Mayron George. Fue una muralla impenetrable.

Ni siquiera el ingreso de Bryan Ruiz al 60’ puso nivelar las acciones, en una noche donde Gustavo Matosas no supo descifrar el cerrojo guatemalteco y cosechó la segunda derrota al hilo en su era con La Sele.

El técnico de la Tricolor llevará muchos apuntes en su libreta, y será hasta el próximo martes ante Jamaica en el Estadio Nacional que intente saborear por fin una victoria al mando de Costa Rica.