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En cualquier parte del mundo donde un balón de fútbol sea el protagonista de historias de pasión, delirio, éxtasis y emociones por doquier; ahí mismo, encontraremos un juego donde todos esos sentimientos se reúnen en 90 minutos, para hacer vivir momentos que solamente aquellos que los experimentan, los pueden describir en su máximo esplendor.

“El Clásico” es por excelencia, el juego de fútbol más importante de cada país. No existe otro encuentro de balompié capaz de generar los sentimientos que ese partido produce. Y no importa si ese choque de se da en la definición de un campeonato, o simplemente en la cotidianidad de una fase regular; es más, a los fieles seguidores no les importa si uno es primero y el otro colero, ya que, para ellos, lo más y único importante es vencer al rival. 

Por eso hoy, a las puertas del clásico, y no de cualquier clásico, ya que será el primero en 61 años de historia que se jugará sin esa pasión en las gradas; seguiremos compartiéndoles en esta segunda mitad del reportaje los que a nuestro gusto son los cinco juegos entre Saprissa y Alajuelense que más marcaron la historia, debido a algún acontecimiento especial, y no necesariamente por lo que pasó en la cancha.

Para esta ocasión repasaremos la madre de todas las broncas, el clásico que más disturbios tuvo y que incluso no pudo terminar.

LA MADRE DE LAS BRONCAS:

Domingo 7 de octubre de 1979

Alajuelense 2 (Rafael Hidalgo, Rodolfo Mills, ambos de penal)

Saprissa 2 (Edwin Barley, Gerardo Solano)

Deportivo Saprissa: De Souza; Masís, García, Laterza y Álvaro Sánchez; Santana, Chico y Arce; Ovares, Ureña y Gerardo Solano.

Alajuelense: Monge; Ledezma, Méndez, Ureña y Vásquez; Mills, Castro y Solano; Hidalgo, Neco y Jiménez.

El más grande de los disturbios en un clásico se produjo esa mañana de octubre de 1979, cuando en el estadio Alejandro Morera Soto se presentó una batalla campal, como nunca se ha dado en la historia de estos enfrentamientos.

Tras un primer tiempo ligeramente aburrido, Alajuelense y Saprissa empataban 0-0 y con ello iniciarían la segunda mitad, sin saber los hechos que se iban a presentar.

Saprissa se puso en ventaja con gol del atacante Edwin Barley, quien había ingresado de cambio. Sin embargo, esa celebración duraría muy poco, ya que dos minutos después, el atacante rojinegro, Rafael ángel Hidalgo, sería derribado en el área por Carlos Luis García. Penal manudo que lanzó Enrique "Quique" Vásquez y fue detenido por el brasileño Nery de Souza; no obstante, cuando el meta morado era felicitado por sus compañeros, el central Carlos Manuel Álvarez, ordenó repetir el lanzamiento, ya que el portero se había movido antes.

Los reclamos no se hicieron esperar, sin embargo, nada cambiaría la orden de repetir el penal. Ésta vez, Rafael Ángel Hidalgo, ejecutaría para el momentáneo 1-1.

Saprissa siguió dominando y se puso nuevamente en ventaja, ésta vez con gol de Gerardo Solano. 1-2 que parecía lapidario, ya que los manudos no reaccionaban en el juego.

Pero en el último minuto vino la polémica. Un pase de profundidad sorprendió a Rodolfo Mills en claro fuera de lugar. El asistente no señaló la acción, y el manudo entra al área con la marca de Manuel Gerardo Ureña, quien derribó al fornido jugador alajuelense, y el árbitro Carlos Manuel Alvarez no duda en pitar el penal.

Los reclamos no se hacen esperar. Carlos Santana es expulsado por insultar al juez y poco después, Odir Jacques, técnico morado, también es expulsado, pero el referí Alvarez se mantuvo firme. Es penal.

Cuando los ánimos se calman, Javier Jiménez tomó la pelota y castigó; pero el guardameta Nery De Souza volvió a detener el lanzamiento, sin embargo, el árbitro Álvarez no espera ni un segundo, y ordena repetir la sanción debido a otro supuesto adelantamiento del portero saprissista. Allí mismo comenzó la batalla.

Los jugadores morados se lanzan sobre el árbitro; el paraguayo Laterza le lanza un puntapié al central; lo que hace que el resto de los jugadores rodeen al juez; ahí mismo entra la guardia civil de Alajuela y empieza a golpear a los saprisistas. El público invade el campo y la bronca se convierte en una batalla como pocas.

Al final, son expulsados Álvaro Sánchez, Edwin Barley y Chico Hernández de Saprissa y el juego se suspendió ese domingo con la deuda del penal que tenía que lanzar la Liga Deportiva Alajuelense.

La polémica se trasladó a los salones de la Fedefutbol, donde mientras los saprissistas argumentaron que el juego tiene que darse por finalizado; los manudos consideraron que el penal debía ejecutarse.

Al mismo tiempo, los jugadores Francisco "Chico" Hernández, Edwin Barley y Álvaro "Yaco" Sánchez fueron sancionados por un año de inactividad; sanción que luego se redujo.

Días después, se determinó que el lunes 20 de octubre, es decir, trece días después de la bronca, se tendría que ejecutar el penal. Es así que, con la presencia de algunos periodistas, directivos y los actores principales de este drama, Mills por Alajuelense y De Souza por Saprissa, se lanza la falta. El remate a ras del suelo es imparable y Alajuelense empató el juego 2-2, poniéndole final a una bronca memorable e irrepetible.

Por eso y más, es que los juegos entre Saprissa y Alajuelense, son más que tres puntos, son más que un partido de fútbol. Es un juego aparte.