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India desplegó la alfombra roja este martes para el presidente estadounidense, Donald Trump, en el segundo día de una visita con altas expectativas, aunque unos violentos disturbios pusieron de manifiesto las tensiones religiosas, atizadas por el mandatario norteamericano según sus detractores.

En Nueva Delhi, tras la llegada de Trump el lunes, se produjeron altercados entre los partidarios de la nueva ley sobre ciudadanía y quienes están en contra de ella, pero acabaron degenerando en una batalla campal entre hindúes y musulmanes, informaron medios locales.

La ley, que según sus críticos se enmarca en la agenda nacionalista del primer ministro Narendra Modi -lo que él rechaza- provocó semanas de protestas y de violencia.

Cinco personas murieron en los altercados del lunes, incluido un policía, y más de 90 resultaron heridas, según fuentes médicas y de la policía. Muchos de los alborotadores cargaron con piedras y con armas de fuego contra edificios y vehículos.

Las autoridades replicaron con gases lacrimógenos y granadas de humo y desplegaron paramilitares. Se cerraron escuelas y se prohibieron las concentraciones de más de cuatro personas en las áreas afectadas.

El martes, continuaban los disturbios.

La ley en cuestión también despertó recelos en el extranjero, donde se teme que Modi quiera remodelar la India secular en una nación hindú, lo que marginaría a los 200 millones de musulmanes que viven el país. Modi, por su parte, niega que ese sea su objetivo.

Un alto funcionario de Estados Unidos indicó a los reporteros que Trump mencionará la cuestión de la libertad religiosa durante su visita relámpago, pues son "extremadamente importantes para esta administración".

Un árbol para Gandhi

El lunes, Trump y Modi participaron en un mitin ante 100.000 personas en el mayor estadio de críquet del mundo, en Ahmedabad (oeste), llamado "Namaste Trump".

Después, Trump asistió junto a su esposa Melania a una puesta de sol ante el Taj Mahal de Agra, que había sido cerrado al público y a los monos que lo frecuentan.

El martes, Trump y Melania fueron agasajados con una ceremonia de bienvenida de la caballería, con salvas de cañones y la melodía "Barras y Estrellas".

Tras quitarse los zapatos, depositaron una corona de flores y tiraron pétalos en el lugar en el que el héroe de la independencia de India, Mahatma Ghandhi, fue incinerado. Luego plantaron un árbol.

Guerra arancelaria

Pero luego, Trump y Modi se adentraron de lleno en el meollo del asunto.

Detrás de las buenas palabras y las fotos, un acuerdo comercial amplio entre la primera economía del mundo y el país que podría convertirse pronto en el más poblado del planeta parece remoto.

Y aunque las medidas puedan parecer nimias en comparación con la guerra comercial abierta con China, Trump impuso aranceles al acero y al aluminio indio y suspendió el acceso de determinados bienes a las zonas libres de impuestos.

Modi, cuyo lema "Hecho en India" recuerda al de Trump "Estados Unidos primero", respondió aumentando los aranceles de algunos productos estadounidenses, como las almendras de California, por valor de 600 millones de dólares.

Trump llamó a India el "rey de los aranceles" y declaró, antes de visitar el país, que la tercera economía de Asia había estado "golpeando [a Estados Unidos] muy muy duramente durante muchos muchos años".

Más allá del comercio, se prevé que Trump y Modi firmen acuerdos del sector de defensa por 3.000 millones de dólares, incluyendo la venta de helicópteros navales, y que negocien sobre un escudo de defensa antimisiles valorado en 1.900 millones de dólares.

Ambos países están preocupados por la creciente influencia de China, y el año pasado firmaron un gran acuerdo de cooperación militar.

Por su parte, Melania Trump debía visitar una escuela para presenciar una "clase de la felicidad", en la que los niños meditan y se concentran en la técnica de atención plena para ser mejores alumnos y ciudadanos, un programa escolar lanzado por el Dalai Lama en 2018.