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Por Elías Alvarado.

Con 30 años Wally Corrales llegó a New York a finales de los años 90 con la oportunidad de trabajar en una empresa tostadora de café Kobrick Coffee pero su sueño iba más allá.

Como inmigrante en este país comenzó barriendo y empacando café, poco a poco se fue superando y creciendo en la empresa.

Hace 4 años abrió esta cafetería en una de las zonas más exclusivas de la ciudad, su conocimiento y su buen café lo han llevado muy lejos.

El orgullo de ser tico lo hace en todo momento estar ligado a su tierra.

Le tocó vivir muy de cerca los atentados del 11 de septiembre, su apartamento estaba a unas cuadras del lugar, hoy le ha tocado vivir la pandemia y las más recientes manifestaciones en esta ciudad que ha sido de las más afectadas.

A pesar de la dura racha económica debido a la pandemia don Wally busca la manera de seguir adelante en un panorama donde muchos negocios no sobrevivieron.