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La elección presidencial estadounidense de 2000 dependió de unos pocos votos en Florida y finalmente se decidió en la Corte Suprema.

La carrera por la Casa Blanca de 2020 dio origen a la "Gran Mentira" y acabó con partidarios del candidato perdedor irrumpiendo en el Capitolio de Estados Unidos.

Solo queda esperar y ver lo que 2024 tiene reservado.

Donald Trump, el primer presidente en la historia de Estados Unidos que se niega a aceptar el resultado de una elección, está coqueteando con otra carrera por la Casa Blanca en lo que podría ser un momento decisivo para la democracia estadounidense.

Robert Kagan, investigador principal de Brookings Institution, hizo sonar las alarmas en los círculos políticos la semana pasada con un escalofriante artículo de opinión en The Washington Post, donde describía un escenario apocalíptico.

"Estados Unidos se encamina hacia su mayor crisis política y constitucional desde la Guerra Civil", escribió Kagan.

El académico neoconservador advirtió sobre una "posibilidad razonable, en los próximos tres o cuatro años, de que se produzcan incidentes de violencia masiva, una ruptura de la autoridad federal y la división del país en enclaves rojos [conservadores] y azules [progresistas] enfrentados".

Las encuestas sugieren que la mayoría de los estadounidenses comparte al menos algunas de las preocupaciones de Kagan: el 56% dijo en una consulta reciente de CNN-SSRS que la democracia estadounidense está siendo atacada.

El 37% consideró que está siendo "puesta a prueba". Solo el 6% respondió que no corre peligro.

Las incesantes e infundadas afirmaciones de Trump de que la votación presidencial de noviembre de 2020 fue "robada" por el demócrata Joe Biden se han filtrado en el torrente sanguíneo político.

El 78% de los republicanos encuestados por CNN-SSRS dijo que no cree que Biden ganó legítimamente la presidencia, una cifra en línea con los hallazgos de otras encuestas de opinión.

"Es un fenómeno nuevo en las elecciones estadounidenses", advirtió Edward Foley, profesor de derecho constitucional en la Universidad Estatal de Ohio.

"Ha habido peleas por papeletas de votación incompletas -como ocurrió en las elecciones de George W. Bush contra Al Gore en 2000- y ha habido recuentos desde que hay elecciones en Estados Unidos", dijo Foley.

"Pero la 'Gran Mentira' es algo nuevo. Es algo desconectado de la realidad y es una especie de patología social".

"Por todos los medios necesarios"

Richard Hasen, profesor de derecho y ciencias políticas de la Universidad de California, en Irvine, escribió en un reciente artículo de investigación que Estados Unidos se encuentra en un momento de "peligro democrático" y enfrenta un riesgo sin precedentes de "subversión electoral".

"Estados Unidos enfrenta un grave riesgo de que las elecciones presidenciales de 2024, y otras futuras elecciones, no se lleven a cabo de manera justa, y que los candidatos que asuman el cargo no sean reflejo de decisiones de los votantes tomadas con reglas electorales conocidas de antemano", escribió Hasen.

En su artículo de opinión, Kagan dijo que Trump, de 75 años, y sus aliados republicanos están sentando las bases para asegurar una victoria en 2024 "por todos los medios necesarios".

Trump, quien mantiene un férreo control sobre la base republicana y es casi seguro que será el candidato presidencial del partido si decide postularse, parece estar preparando el escenario para la "Gran Mentira 2.0", indicó Foley.

La estrategia implica restricciones como las leyes de identificación de votantes aprobadas por las legislaturas de algunos estados liderados por republicanos. Según los demócratas, estas tienen la intención de suprimir el voto minoritario mientras los republicanos dicen que están diseñadas para proteger la integridad del voto.

Estas medidas también incluyen el reemplazo de funcionarios electorales estatales republicanos por candidatos que son partidarios acérrimos. Sería el caso de Brad Raffensperger, el actual secretario de Estado de Georgia que se negó a aceptar la orden de Trump en 2020 de "encontrar" 11.780 votos.

"Una vez que tienes a esa persona a cargo tienes a alguien que tiene una gran influencia en cómo se llevan a cabo las elecciones, cómo se cuentan los votos, quién es declarado el ganador, cómo se alinean los votos del Colegio Electoral", dijo Larry Sabato, director del Centro de Política en la Universidad de Virginia.

"La última perversión de la democracia"

Si bien provocaría la indignación demócrata, las legislaturas estatales controladas por los republicanos podrían ignorar el voto popular en sus estados si este va en contra de Trump, y nombrarían a sus propios electores para el Colegio Electoral, el árbitro final que confirma quién gana la carrera presidencial, dijo Sabato.

Los republicanos también están bien posicionados para ganar una mayoría en 2022 en la Cámara de Representantes, actualmente controlada por los demócratas, lo que les da otra potencial palanca de poder en 2024.

"Por feo que haya sido el pasado 6 de enero con el derramamiento de sangre y la insurrección, el resultado nunca estuvo en duda", dijo Foley, ya que el entonces vicepresidente Mike Pence finalmente se negó a aceptar las demandas de Trump de rechazar las listas del Colegio Electoral de varios estados en los que ganó Biden.

"Pero si los miembros del Congreso el 6 de enero de 2025 están predispuestos al enfoque de la 'Gran Mentira' y están dispuestos a repudiar los resultados de las elecciones, solo por el puro poder político, esa sería la máxima perversión de la democracia", afirmó.

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