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El presidente tanzano, John Magufuli, instó a sus conciudadanos a encomendarse a Dios y mantener la economía del país funcionando, en tanto aumentan los casos de COVID-19 y los llamados a tomar medidas más estrictas.

Mientras numerosos países africanos han puesto todo o parte de su territorio en confinamiento o impuesto toques de queda, Tanzania no los ha imitado. El sistema escolar está clausurado, pero los terminales de autobuses y mercados continúan siempre abarrotados.

Magufuli, apodado el "bulldozer" (tingating" en suahili), es uno más de los pocos líderes políticos mundiales que ponen en duda la peligrosidad de la pandemia.

"Es hora de consolidar nuestra fe y seguir orando a Dios, en lugar de ponernos mascarillas en el rostro. No dejen de rezar en iglesias y mezquitas", había declarado el mes pasado en Dodoma, la capital política.

"Estoy seguro de que (el virus) desaparecerá rápidamente como lo han hecho otros", añadió. 

Durante el Viernes Santo hizo comentarios similares, explicando que Dios protegerá a los tanzanos del coronavirus.

Este país de África del este, con casi 60 millones de habitantes, constató su primer caso de coronavirus el 16 de marzo, y los infectados aumentaron en una semana de 32 a 254 casos y a 10 muertos este lunes. 

"Estoy descontento por la falta de seriedad del gobierno, de transparencia en cuanto a la cantidad de casos y muertes, y la negación por parte del presidente de la epidemia", indicó a la AFP Zitto Kabwe, líder de un partido opositor tanzano, Alianza para el Cambio y la Transparencia (ACT).

- 'Dios nos protegerá' -

Kabwe aboga por el confinamiento en Dar es Salaam, capital económica, así como en Arusha (norte), Nuanza (noroeste) y Dodoma (centro), e imponerlo totalmente en el archipiélago turístico de Zanzíbar. 

Pero Magufuli no comparte esta opinión, a pesar de haber instado a los tanzanos a evitar las "reuniones innecesarias" los alienta a seguir trabajando normalmente. 

"Continuemos trabajando duro para construir nuestra nación. El coronavirus no es ni deberá ser un motivo para dejar de trabajar. Los agricultores deben aprovechar las lluvias actuales, el sector industrial debe seguir produciendo...", indicó.

"El coronavirus no puede ser una razon para destruir nuestra economía", martilló.

Ésta ya ha sido duramente golpeada por la pandemia, puesto que se cortó el flujo de turistas que llegan a disfrutar de los parques nacionales y playas. Este sector es su mayor fuente de divisas extranjeras.

En las calles de Dar es Salaam, los habitantes afirman temer al virus y hacer todo lo posible por evitarlo mientras continúan ganando su sustento. 

Hemedi Masud, conductor de moto-taxi, se las arregla para que sus pasajeros "se laven las manos antes de montarse a la motocicleta". "El problema", añade, "es que sólo tengo un casco y mis clientes deben compartirlo". 

Él y sus colegas esperan la llegada de una barca en un lugar muy concurrido, rodeados por vendedores ambulantes.

"Realmente tengo mucho miedo al coronavirus y es arriesgado estar aquí, pero no puedo evitarlo. Mi familia necesita comer y es aquí donde me gano la vida", añade. 

El gobierno prohibió que los autobuses acepten más pasajeros que su número de asientos, pero esto sólo ha provocado mayores colas en las paradas en las horas punta.

"Con el confinamiento evitaremos al coronavirus, pero moriríamos de hambre en casa. ¡Dios nos protegerá!", afirma Anna John, vendedora ambulante, para quien encerrarse en su hogar es imposible como para tantos otros africanos. 

Freeman Mbowe, líder opositor, critica duramente al presidente, acusándolo de preocuparse sólo "por salvar la economía y sus grandes proyectos de infraestructuras".

Algunos expertos se preguntan si el confinamiento es pertinente en África, con tanta pobreza y economía informal, y pregonan los tests masivos. 

Burundi, país vecino, también optó por la vida normal, como Tanzania, ambos en año electoral.