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El Gobierno británico instauró este miércoles lo que ha bautizado como "regla de seis", la prohibición de reuniones de más de seis personas, para tratar de impedir que las preocupantes cifras de contagios de la COVID-19 se conviertan en una segunda ola. Además, revisará el plan de vuelta a los estadios de fútbol del público.

El primer ministro británico, Boris Johnson, compareció hoy escoltado por sus principales asesores médicos para confirmar que las autoridades recurrirán a la mano dura y que se creará la figura de "guardias COVID" para perseguir a los infractores. Quienes no respeten la norma, advirtió el jefe de Gobierno, se exponen a ser dispersados por la policía, multados o incluso arrestados.

"No se trata de un nuevo confinamiento", repitió machaconamente Johnson ante las preguntas de los periodistas. No lo es, pero desde luego supone un revés para la estrategia de su Ejecutivo, que pasaba por no adoptar grandes medidas a escala nacional y concentrar los esfuerzos en atajar los brotes localmente.

El plan de vuelta de los aficionados a los estadios de fútbol a partir del 1 de octubre se revisará también. Johnson aseguró que los eventos de prueba, que se realizarán durante este mes en el Reino Unido, se limitarán a 1.000 personas.

El incremento de nuevos casos que se ha registrado en los últimos días ha encendido las alarmas en Downing Street, que no quiere que se repita el escenario de la primavera, cuando la demora en adoptar medidas hizo del país uno de los más castigados de Europa por la pandemia.