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Patsy Sánchez y su equipo procuran no dejar nada al azar cuando van de casa en casa haciendo pruebas de covid-19 en Ciudad de México. Se equipan para traspasar cada puerta como si fueran a ingresar a un hospital con alto riesgo de contagio.

Máscaras, tapabocas, guantes y batas son parte del equipo que Sánchez y las dos especialistas que la acompañan se colocan para realizar los testeos, en la alcaldía de Venustiano Carranza, en el este de la capital.

Con un hisopo toman muestras de la garganta y la nariz para después enviarlas a un laboratorio donde se determina el positivo o negativo al virus.

El proceso toma unos cinco minutos y se realiza luego de que la persona que cree tener síntomas contacta con un mensaje telefónico a las autoridades locales.

Tras el contacto, se aplica "un filtro en el cual canalizamos al paciente, determinamos la sintomatología, asistimos al domicilio y posteriormente se envía al laboratorio", explica Sánchez a la AFP después de testear a dos personas.

Si el caso es positivo, el gobierno local hace un seguimiento por teléfono o videollamada.

Sin mostrar temor, la laboratorista le da recomendaciones a una mujer con una tos persistente. Le ruega informar a las autoridades de cualquier cambio en su salud.

No siempre bienvenidos

El equipo enviado por las autoridades sanitarias de la capital no siempre es bienvenido. Algunos vecinos los miran con recelo desde las ventanas y cierran sus cortinas rápidamente.

"En ocasiones no es muy grata la bienvenida, ya que se asustan", cuenta Sánchez. Pero "hay también gente que cree que es mejor que vayamos a su domicilio, a ellos exponerse y exponer a la gente si van al hospital".

Las visitas a los domicilios pueden repetirse. En ocasiones, el equipo vuelve cinco o seis veces a algunas casas, y en varias hacen pruebas a distintas personas.

Al terminar los testeos en cuatro domicilios de Venustiano Carranza, el protocolo es tan riguroso como al inicio. El personal debe retirarse el equipo de protección con cuidado para evitar contagiarse.

Por momentos, las órdenes de Sánchez suenan como las de un militar. Es que el peligro es real: Ciudad de México es una de las regiones más afectadas por la enfermedad en el país.

México registró hasta este martes 154.863 casos positivos y 18.310 defunciones, según el balance oficial. En la capital, los contagios llegan a 38.117 y las muertes suman 3.951.

Sánchez es parte de un programa gubernamental que suele visitar a personas de tercera edad o incapacitadas que no pueden ir a un médico. Pero ahora está dedicada a detectar posibles enfermos de covid-19.

El gobierno de Ciudad de México planea incrementar el número de test que realiza para tener un mayor control de la epidemia. Se espera pasar de 1.100 a 2.700 pruebas diarias.