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Londres, Reino Unido | ¿Una boya salvavidas o un peso hacia el fondo? El 'Project Big Picture' que aspira a reformar en profundidad el fútbol profesional inglés opone a quienes lo ven como un medio de sacar a los pequeños clubes de la crisis, y los que evocan un 'caballo de Troya' hacia una liga cerrada.

- ¿Qué establece el proyecto?

Competiciones, gobernanza, finanzas: como su nombre indica, el Project Big Picture (PBP) es ambicioso.

Paso de la Premier League a 18 clubes, supresión de la Copa de la Liga y de la Community Shield, modificación del sistema de descenso a la Championship (segunda división), pasando de tres a dos descendidos, más un torneo de repechaje para el 16º clasificado, el campeonato inglés, el más prestigioso del mundo, viviría un cambio radical.

También su funcionamiento variaría, abandonando la colegialidad. De los 18 clubes, sólo los 9 más antiguos tendrían derecho a voto, con una mayoría cualificada de 6 votos, por los 14 votos de 20 clubes que rigen en la actualidad.

En contrapartida, los promotores del proyecto ofrecen una ayuda inmediata de 250 millones de libras (275 millones de euros/358 millones de dólares) a las tres categorías inferiores, cuya situación económica es crítica debido a la pandemia de covid-19.

Después, esas tres divisiones se repartirían el 25% de los derechos de televisión negociados colectivamente.

- ¿Quiénes lo apoyan? -

El proyecto germinó y tomó forma por medio de Fenway Group, propietario estadounidense del Liverpool, mucho antes de la crisis del coronavirus, pero esta última abrió un camino al fragilizar la resistencia de los clubes pequeños.

A Fenway se unió rápidamente la familia Glazer, propietaria, también estadounidense, del Manchester United, y después Rick Parry, antiguo presidente del Liverpool y hoy presidente de la liga inglesa (EFL), que rige las competiciones desde la Championship a la League Two (D4).

Este último asegura que una mayoría de sus clubes son favorables al PBP, probablemente seducidos por los 275 millones de euros puestos a su disposición con carácter inmediato, a la vez que esperan en vano un plan de ayuda de la Premier League y del gobierno para sobrevivir a la grave crisis económica que atraviesan.

Del mismo modo estiman que a más largo plazo, el abismo económico entre la Premier y la Championship será reducido por el nuevo reparto de los derechos de televisión.

- ¿Quiénes en contra? -

La Premier League, que no fue tenida en cuenta para la elaboración del proyecto, no tardó en reaccionar estimando el domingo que "un cierto número de las medidas propuestas (...) tendrían un impacto negativo en toda la competición".

Pero sus 20 miembros actuales parecen divididos y los debates se avecinan intensos en las próximas reuniones.

El gobierno británico también criticó este plan. El Primer Ministro Boris Johnson denunció "maniobras entre bambalinas que minan la confianza en la gobernanza del fútbol".

Las asociaciones de aficionados también se oponen a esta "píldora de cianuro cubierta de azúcar ofrecida por millonarios que no comprenden ni se preocupan por nuestra cultura del fútbol".

- Zonas oscuras y letra pequeña -

El proyecto podría suponer un paso hacia una liga cerrada, una sospecha respaldada por la concentración de poder en manos de un número limitado de clubes.

El paso a 18 clubes y la supresión de la Copa de la Liga podrían aligerar el calendario y contribuir al bienestar de los jugadores, pero se trata de hecho de liberar fechas de cara a la reforma de la Liga de Campeones, con más partidos.

La parte económica del proyecto incluiría cláusulas en letra pequeña que algunos clubes modestos, opuestos al proyecto, ven con recelo.

Los clubes de la Premier League tendrían así los derechos exclusivos a nivel internacional de 8 de sus partidos de liga, cuyos ingresos no formarían parte del reparto.

Ante la incertidumbre reinante sobre la evolución de los derechos de televisión post-covid, ese 25% se antoja menos generoso, a la vez que se acompaña del final del paracaídas económico destinados a los clubes de descienden a la Championship.

Al final, más allá del alivio inmediato de los 275 millones de euros, nada asegura que el nuevo modelo depararía el maná prometido.