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Las protestas en Hong Kong han perdido intensidad desde el inicio de la epidemia del nuevo coronavirus, un consuelo para el gobierno de China que enfrenta un enorme desafío sanitario.

Sin embargo, los opositores advierten que no bajan la guardia y se trata tan solo de una pausa para recuperar fuerzas.

La contestación prodemocracia ha marcado el día a día de la excolonia británica durante meses, con unas manifestaciones -en ocasiones violentas- que culminaron en otoño, sobre todo con la ocupación de un campus de la universidad.

Durante el segundo semestre de 2019, tanto las autoridades hongkonesas como chinas, se mostraron incapaces de responder a la ira ciudadana.

El nuevo coronavirus, en cambio, tuvo un impacto radical.

Aún así, la movilización, silenciada, dista mucho de haber muerto, afirman los manifestantes, que han visto en la epidemia una oportunidad para recuperar fuerzas.

"Muchos de nosotros, sobre todo quienes estábamos en primera línea, necesitábamos una pausa", explica Sam, un estudiante de secundaria.

Durante meses, combatió a las fuerzas de seguridad, levantando barricadas y protegiéndose con paraguas de los gases lacrimógenos.

Ahora, es en su apartamento donde se protege de la epidemia, y pasa los días siguiendo las clases a distancia o jugando a la videoconsola.

Tomarse un tiempo

"Precisamente, gracias a esta pausa pude darme cuenta de que no estaba bien" desde un punto de vista psicológico, explica Sam, que prefiere no dar su verdadera identidad, por seguridad.

"Dicho esto, estoy más motivado que nunca para bajar de nuevo a la calle".

Antes incluso de la epidemia, la movilización ya había perdido fuelle, tras el triunfo del bando prodemocracia en las elecciones locales de noviembre y la fase de reflexión dentro del movimiento, sobre cómo canalizar el éxito electoral, que le siguió.

El cansancio de los manifestantes tras meses de acciones y el aumento de los arrestos también llevaron a los activistas prodemocracia a tomarse un tiempo antes de seguir.

A causa de los riesgos sanitarios que comportan las concentraciones, se interrumpieron las manifestaciones en enero, cuando la crisis del coronavirus traspasó las fronteras chinas.

Sin embargo, muchos están convencidos de que la movilización recobrará impulso cuando baje la epidemia, pues la jefa del ejecutivo local, Carrie Lam, no respondió a ninguna de las reivindicaciones.

"Nada ha acabado"

En un primer momento, la contestación denunciaba un proyecto de ley de extradiciones a China (ya descartado), pero luego amplió sus reivindicaciones para pedir más medidas democráticas y que se investigue la violencia policial durante las protestas.


"El gobierno podría creer que las manifestaciones han terminado, pero desde el punto de vista del movimiento, nada ha acabado, pues él no ha respondido a las demandas fundamentales y la ira popular no se ha apagado", declaró Samson Yuen, un experto de la Lingnan University.

Además, la forma en la que el equipo de Lam ha gestionado la epidemia tampoco agradó a los ciudadanos. 

Sus detractores -incluyendo algunos del bando pro-Pekín- le recriminaron sus reticencias a cerrar la frontera con China continental y unas reservas de mascarillas insuficientes, pese a las lecciones aprendidas durante la crisis del SRAS en 2003. 

Las únicas manifestaciones importantes desde la llegada de la enfermedad a Hong Kong fueron las que se celebraron contra la apertura de centros de cuarentena en algunos barrios o para pedir el cierre de la frontera con China continental. 

No obstante, para Jasper Law, un consejero local, estas protestas también obedecen a razones de orden democrático. 

"Ambas emanan de una pérdida de confianza en el gobierno", consideró, y apuntó que muchos creen que la administración Lam está "desconectada de la realidad y que es incapaz de escuchar a la gente". 

Además, un buen número de ciudadanos decidió optar por la movilización sindical para expresar sus reivindicaciones. El mes pasado, miles de médicos de un nuevo sindicato hicieron huelga durante una semana para pedir que se cerrara la frontera con China. 

Al final, el gobierno tomó medidas para reforzar el control sanitario de las personas procedentes de China continental, si bien matizó que no actuó presionado por los sindicatos.