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Miles de musulmanes chiitas participaron el martes en una procesión religiosa en Lahore, en el este de Pakistán, haciendo caso omiso de las medidas de distanciamiento social, mientras que el país lucha por contener la epidemia de covid-19.

El gobierno paquistaní había prohibido toda conmemoración masiva de la muerte del imán Ali, yerno del profeta Mahoma y figura fundadora del islam chiita. Pero esta directiva no fue respetada y entre 8.000 y 10.000 personas, según las autoridades, se reunieron en Lahore, muchas sin mascarilla.

A reuniones religiosas, como la reciente peregrinación hindú Kumbh Mela que atrajo a millones de personas, se atribuye en parte la catastrófica situación sanitaria de India, que superó ya los 20 millones de casos y 222.000 muertes desde el inicio de la pandemia, según un balance oficial de este martes.

Pakistán, que acumula cerca de 800.000 casos de coronavirus y 18.000 muertes, está todavía muy lejos de ese balance, pero mira con preocupación lo que ocurre en el país vecino.

Principalmente sunita, Pakistán posee la segunda comunidad chiita más grande del mundo después de Irán, pero sólo representa entre 10 y 15% de sus 220 millones de habitantes.

El martes se celebraron mítines en otras ciudades paquistaníes. Vestidos de negro, los fieles entonaron cantos religiosos golpeándose el pecho al unísono, mientras que algunos se flagelaban.

El gobierno no logró convencer a los dirigentes religiosos chiitas que renuncien a la celebración.

El hecho de que no se utilice la mascarilla y las medidas de distanciamiento social inquieta a las autoridades, ya que sólo una pequeña parte de la población paquistaní está vacunada y hay una gran renuencia a la vacuna contra el covid-19.

Sin embargo, no han hecho nada para regular las actividades religiosas durante el Ramadán. Las mezquitas permanecen abiertas y pocas respetan las recomendaciones del gobierno durante las grandes reuniones de los fieles al anochecer.