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Con la restricción del número de fieles y la aplicación de medidas sanitarias excepcionales contra la pandemia del nuevo coronavirus, la gran peregrinación de este año a La Meca ha resultado ser, paradójicamente, una de las más seguras.

Durante el hach, el peregrinaje anual que suele reunir a centenares de miles de personas de todo el mundo, los fieles se ven expuestos a muchas enfermedades virales.

Pero este año, las autoridades de Arabia Saudita —donde se registraron oficialmente 272.590 casos de COVID-19 y 2.816 decesos— multiplicaron las medidas de protección, con directivas sanitarias estrictas.

Normalmente, más de dos millones de fieles de todo el mundo participan en la gran peregrinación, un acontecimiento religioso que supone un gran desafío logístico y sanitario.

Este vez, a causa del coronavirus, solo se permitió la asistencia de unos 10.000 peregrinos de diversas nacionalidades pero residentes todos ellos en Arabia Saudita.

No representan más que el 0,4% de los 2,5 millones de peregrinos que el año pasado efectuaron el hach, uno de los cinco pilares del islam.

Alia al Dulaimi, una kuwaití, contó a la AFP que sufrió una fuerte tos que duró tres meses tras haber realizado el hach en 2003.

"Ni siquiera pude acercarme a la Kaaba, de tantas personas que querían tocarla", explicó.

La Kaaba es la estructura cúbica que se yergue en el centro de la Gran Mezquita de La Meca, hacia la cual se encaran los musulmanes durante la oración.

"Me habría gustado estar en La Meca este año para constatar las nuevas medidas sanitarias", comentó Dulaimi.

Este año, a causa de la pandemia, los peregrinos no podrán tocar la Kaaba. Una situación sanitaria excepcional que, sin embargo, hizo que muchos afirmaran sentirse más seguros frente a las enfermedades y los riesgos de accidentes.

En 2015, una gigantesca estampida causó 2.300 muertos entre los peregrinos del hach, que ha conocido varias tragedias a lo largo de los años.

"Oportunidad real"

Lejos de las imágenes de las mareas humanas que suelen marcar el principio de los ritos, el miércoles, los peregrinos llevaron a cabo el "tawaf", que consiste en girar en torno a la Kaaba, en grupos pequeños y guardando las distancias, con mascarilla y siguiendo unas marcas dispuestas en el suelo de mármol blanco.

Numerosos equipos de mantenimiento, con uniformes parecidos a los del personal sanitario, limpiaban y desinfectaban permanentemente el lugar sagrado.

A su llegada a La Meca el fin de semana pasado, los peregrinos fueron sometidos a controles de temperatura y exámenes de COVID-19, y tuvieron que guardar cuarentena en los hoteles.

Las autoridades repartieron kits esterilizados a los peregrinos: piedras para el ritual de la lapidación de Satán, mascarillas, esterillas, sombrillas, manuales de sensibilización y un "ihram", un tejido blanco sin costuras que llevan los fieles.

"Se cumplen con las medidas preventivas constantemente y, si Dios quiere, los ritos del hach serán seguros y saludables", declaró en televisión el portavoz oficial de la Dirección de Salud de La Meca, Hamad bin Fayhan.

Numerosos hospitales, clínicas móviles y ambulancias estarán listos para responder a las necesidades de los peregrinos, según el ministro del Hach.

Asif Ahmed, profesor en la escuela de medicina británica Aston, consideró que el hach de este año es "seguro" gracias a todas esas medidas.

"El objetivo era prevenir la epidemia de coronavirus, y parece estar funcionando", declaró a la AFP.

En el país del Golfo más afectado por la pandemia, el ministerio de Salud aseguró el miércoles que no se había detectado ningún caso de infección de covid-19 entre los peregrinos.

El hach 2020 es "una oportunidad real para las autoridades sauditas de medir el efecto del uso de la mascarilla en la limitación de la propagación de numerosas enfermedades virales y bacterianas", subrayó por su parte Ghanem al Hujailan, médico especializado en enfermedades contagiosas.