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Zunduri -palabra japonesa que quiere decir 'Niña hermosa- tiene 22 años, pero pasó los últimos dos años esclavizada y torturada por una familia que le abrió las puertas de su casa para darle trabajo, pero que se convirtió en su peor pesadilla.

Ella conversó con un periodista del diario español El País. Esta mujer -que luce menor pero cuyos órganos son de una mujer de 81 años, según los reportes médicos- no levanta la cabeza; su vista luce clavada en el suelo. 

"Se veían tan humanos, tan inocentes. Tan incapaces de llegar a hacer esto”, fueron sus primeras palabras. Ella aún no sale del shock que le provocaron meses y meses de castigos y vejaciones.

La matriarca del hogar, identificada como Leticia Molina, la castigaba sin una pizca de remordimiento; le pegaba con lo primero que tuviera a mano: quemaduras en la espalda con la plancha; le pegaban con hierros, tubos, cadenas o mecates. 

“Me decía que no servía para nada, que me odiaba, que lo mejor que podía hacer era morirme, que era un monstruo al que nadie quería”, relató esta mujer.

Una vez intentó escapar y la mujer la encadenó en el cuello o en la cintura y solo podía moverse de su cama al planchador, porque ella tenía que seguir trabajando en el negocio de la familia: un tintorería.

No comía; paliaba su apetito con plástico y tomaba agua de la plancha. Y para ir al baño debía pedir permiso para que le soltaran las cadenas. El 16 de abril fue al baño y al regresar le colocaron mal las cadenas.

 “Fui asimilando mi escape, en irme y que no me saliera mal. Si se daba cuenta yo creo que no lo contaba”, contó.

El pasado 19 de abril logró escapar por una pequeña ventana y, con 100 pesos que encontró en la prenda de un cliente, tomó un taxi y fue directo a la delegación de policía a denunciar los maltratos. A Leticia Molina y cinco miembros de su familia los detuvieron y están acusados de delitos que podrían enviarlos 40 años a prisión.

Al final de la entrevista levanta la mirada del suelo y dice: “Quiero tomar un curso de repostería y poner mi propio negocio de pan y pasteles”. Ella ve la vida con dulzura; quiere dejar atrás años amargos.