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Con la mirada perdida en el vacío, el libio Mohamed al Magri cuenta que quiere encontrar el cuerpo de su hijo, desaparecido hace un año cuando los combates asolaban los alrededores de Trípoli. Teme que esté enterrado en una de las fosas descubiertas en su ciudad.

"Era un amante de los pájaros y sabía ocuparse bien de ellos", recuerda con tristeza este hombre de unos sesenta años que enseña la foto de un joven con aspecto despreocupado, gorra roja colocada al revés y las manos en los bolsillos.

En el patio trasero de su modesta cada de Sidi Essid, un pueblo cerca de Tarhuna (a 80 kilómetros al sureste de la capital libia), es él el que se encarga ahora de las cotorras de su hijo.

Tarhuna, pequeña ciudad agrícola, salió bruscamente del anonimato en junio, tras el hallazgo de fosas que "horrorizaron" a la ONU.

"Ningún rastro"

Esto ocurrió al día siguiente de que se marcharan las fuerzas del mariscal Jalifa Haftar, hombre fuerte del este de Libia que, desde abril de 2019, intentaba, en vano, conquistar Trípoli, donde se encuentra la sede del Gobierno de Unión Nacional (GNA) reconocido por la ONU. La ciudad pasó desde entonces a estar bajo control de las fuerzas progubernamentales.

La oenegé Human Rights Watch (HRW) pidió entonces a las fuerzas pro-Haftar que investigaran "urgentemente sobre las pruebas aparentes de tortura, ejecuciones sumarias [...] cometidas por combatientes afiliados a ellos".

Mohamed no se hace muchas ilusiones sobre el destino de su hijo. A finales de 2019, cuando tenía 20 años, un grupo armado de Tarhuna se lo llevó a la fuerza. Nunca lo volvió a ver.

"Cuatro vehículos con hombres encapuchados y armados estaban aparcados delante de la casa", cuenta, con la mirada fija en la foto de su hijo.

"Llamaron a la puerta y Haitham les abrió. Querían hablar con él" y se lo llevaron con ellos, añade Mohamed.

"Los hombres armados me prometieron que Haitham iba a volver en cuanto terminaran de interrogarlo. Desde ese día, no lo he vuelto a ver", afirma.

Mohamed cuenta que lo buscó "por todas partes" pero "no hay ningún rastro de él [...] La mayoría de las versiones afirman que fue ejecutado y arrojado a una de las fosas comunes. Su cuerpo no ha sido encontrado. Si está en una fosa, espero que lo encuentren rápido", susurra.

La búsqueda continúa

Desde el primer macabro hallazgo en Tarhuna en junio, se han exhumado 115 cadáveres de varias fosas, según Lotfi Tawfiq, director de la autoridad general para la búsqueda e identificación de desaparecidos.

"Hay cuerpos que aún no se han identificado", afirma a la AFP, mientras que la búsqueda, dirigida por los equipos técnicos, "continúa".

"Todas las informaciones sobre las personas desaparecidas son registradas y transmitidas a una dirección especial [...] Se extraen muestras de ADN para compararlas con los restos descubiertos", explica.

Mohamed cree que su familia fue un blanco debido a su apoyo a la revolución del "17 de febrero" que puso fin a la dictadura de Muamar Gadafi en 2011.

Está convencido que quien está detrás de la desaparición forzada de su hijo es un ferviente partidario de Gadafi implicado en asesinatos y secuestros en Tarhuna.

"Atacando a mi hijo, me hacen pagar mi apoyo a la revolución [...]. ¡Ya basta de ver la sangre de nuestros hijos derramada por las guerras!", se indigna.

La madre, Nadia Ali, quiere encontrar el cuerpo de su hijo a toda costa para poder enterrarlo dignamente.

"Todo lo que quiero es saber lo que le ha pasado", sostiene, con el rostro cubierto por un pañuelo negro.