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Quince títulos de campeón de Alemania en el siglo XXI, de ellos ocho consecutivos en una racha que sigue su curso: el Bayern Múnich aplasta a sus competidores gracias a un cóctel basado en el dinero, los fichajes y un espíritu de familia que se ha hecho legendario.

El 'modelo Hoeness'

El Bayern es el cuarto club con más ingresos en Europa (660 millones de euros; 743 millones de dólares) en la temporada 2019-2020, por detrás de Barcelona, Real Madrid y Manchester United.

Es el resultado de cuatro décadas de trabajo del antiguo presidente Uli Hoeness, cuya filosofía era clara: un crecimiento financiero basado al 100% en los ingresos propios (estadio, derechos TV, merchandising, patrocinadores), ninguna deuda y el obstinado rechazo a dejar entrar en el capital del club a inversores mayoritarios.

"No tenemos mecenas, sólo socios", decía con orgullo cuando pasó el relevo, a finales de 2019. El club pertenece mayoriyariamente a sus aficionados y sus principales socios no poseen más que el 25% de las acciones.

El 'tesoro de guerra' guardado en el banco, en línea con la filosofía de los emprendedores alemanes de la posguerra, ha permitido al club salir de la crisis del nuevo coronavirus sin demasiados daños.

Jugadores emblemáticos

El Bayern se esfuerza por fichar a largo plazo y elige a los jugadores en función de su capacidad para integrar la 'familia" del club. Müller, Lewandowski, Boateng, Neuer son los actuales pilares, que se identifican totalmente con el club desde hace años, como antes hicieron Arjen Robben y Franck Ribéry.

Y con la nueva generación de los Coman, Pavard, Gnabry o Süle, el objetivo del club no parece tampoco que vaya a ser venderlos para generar plusvalías, sino crear un nuevo núcleo de pesos pesados en el que se basen los éxitos futuros, que conozcan la filosofía de la casa y hacer toda su carrera en el club bávaro.

En esta óptica, la identidad nacional también es importante para los dirigentes: seis de los titulares actuales son alemanes, una rareza entre los equipos del Top 10 del fútbol europeo.

"Mia san Mia"

La divisa del club es "Mia san Mia", que en dialecto bávaro significa literalmente "Nosotros somos Nosotros".

Toda Alemania conoce estas tres palabras, que sintetizan perfectamente el alma del Bayern: una increíble confianza en sí que busca su fuerza en las raíces bávaras, según los aficionados del club y que se convierte, para los rivales, en una arrogancia insoportable.

"Este club es especial", asegura el entrenados Hansi Flick, "y nuestro 'Mia san Mia' es un punto a nuestro favor cuando negociamos con jugadores que están tentados de ir a oro sitio".

Pocos clubes en el mundo cultivan hasta tal punto el culto por la victoria. Como el Real Madrid, sólo la victoria es aceptable en Múnich y cualquier otro resultado se considera como el inicio posible de una crisis.

Pero estos últimos años ha aparecido también la exigencia de jugar de manera atractiva. "Cuando yo era jugador del Bayern, sólo valía la victoria, incluso por 1-0, la manera no tenía importancia. Hoy, sólo con ganar no es suficiente", recuerda Flick.

El gobierno de los exjugadores

Como en la mayoría de los clubes, los entrenadores tienen una vida limitada en Múnich: Hansi Flick es el octavo entrenador en el banquillo en los últimos diez años.

Pero en la cumbre, la estabilidad a muy largo plazo es en cambio cultivada como uno de los principales ingredientes del éxito. El Bayern funciona como una empresa familiar y prácticamente todos sus dirigentes son exjugadores del club.

Hoeness, triple ganador de la Copa de Europa en los años 1970, estuvo cuatro décadas a los mandos. Rummenigge, otro ídolo del club de los años 1970-1980 y hoy presidente del directorio, está en la estructura directiva desde 1991. Su sucesor designado es Oliver Kahn, el legendario portero de los años 1990-2000. Sin olvidar al actual director deportivo, Hasan Salihamidzic, también exjugador.

Única excepción a esta regla es la del hombre que sucedió a Hoeness en la presidencia, Herbert Heiner, que no es una vieja gloria del club, sino el antiguo patrón de Adidas. Pese a todo, forma parte también e la familia: tras no llegar a ser jugador profesional, estuvo relacionado con el mundo del deporte a través del fabricante de material deportivo, uno de los principales patrocinadores del club.

Eso le permitió ser durante mucho tiempo miembro de la directiva del Bayern, antes de ser elegido presidente.