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El Mundial del cambio de dimensión del fútbol femenino no varió de dueño. En Francia-2019, Estados Unidos revalidó su título y Megan Rapinoe ascendió a la categoría de emblema planetario. 

Mejor jugadora de la competición y máxima goleadora -seis tantos, como su compañera Alex Morgan-, la atacante se convirtió de paso en un icono deportivo, social e incluso político. En primera línea de la lucha por los derechos de las personas LGBT y de la igualdad entre hombres y mujeres, no tuvo reparos en enfrentarse a su presidente Donald Trump. 

"Su mensaje excluye a las personas. Usted me excluye a mí, excluye a las personas que se parecen a mí, excluye a las personas de color, excluye a los estadounidenses que quizás lo apoyan", dijo tras el torneo.

Un éxito de público en Francia y de audiencia televisiva a nivel planetario -más de 1.000 millones de personas lo vieron en algún momento-, el Mundial será recordado por servir de punto de inflexión en la mejora de las condiciones de las futbolistas en varios países: Desde Australia, con las internacionales igualando el salario de los hombres, hasta Argentina, que ya cuenta con una liga profesional.