15 de septiembre de 2026, 10:57 AM

Por Elías Alvarado

El 17 de junio, Tony Alfaro llegó, como de costumbre, a abrir su negocio en South Bound Brook, Nueva Jersey. Lo acompañaban sus dos hijas.

En cuestión de minutos, seis patrullas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) rodearon su vehículo. Así comenzó uno de los momentos más difíciles de sus 25 años en Estados Unidos.

“Yo llegué normal a abrir mi negocio y me cayeron seis patrullas. Iba con mis dos hijas y me sacaron del carro a la fuerza. Mis hijas estaban gritando y preguntando qué pasaba. Ellos nada más decían que yo era un criminal y que por eso me estaban llevando”, relató Alfaro.

Tras su detención, fue trasladado a un centro migratorio en Elizabeth, Nueva Jersey. Allí comenzó una espera marcada por el encierro, la angustia y la incertidumbre de no saber qué ocurriría con él.

“La verdad es que estar ahí es lo peor. Estar en un cuarto para 10 personas, en un pasadizo, para arriba y para abajo todo el día. Uno no sabe qué va a pasar ni cuándo tendrá una corte. Es una incertidumbre bien tremenda”, aseguró.

Tony permaneció cerca de dos semanas detenido en Nueva Jersey. Posteriormente, fue trasladado a Mississippi, donde pasó otros dos meses y medio.

Según cuenta, el viaje esposado de pies y manos fue uno de los momentos más duros de todo el proceso.

“Para mí, el momento más duro fue el traslado. Ir esposado de pies y manos en un avión y en un bus fue lo peor. Viajé en un avión esposado, comí esposado y después nos llevaron en un bus, con un calor tremendo porque el aire no servía”, recordó.

Durante el tiempo que permaneció bajo custodia migratoria, Alfaro también se encontró con varios costarricenses detenidos.

Entre ellos recuerda particularmente a un hombre que había ingresado a Estados Unidos con visa de turista y trabaja en Costa Rica para el Organismo de Investigación Judicial (OIJ).

“En todo ese tiempo me topé con varios costarricenses. Algo que me sorprendió fue que, allá en Mississippi, detuvieron a uno que venía con visa de turista. Esa persona trabaja en el OIJ y solo porque iba con cuatro guatemaltecos lo detuvieron. Dijeron que estaba llevando migrantes de un lado para otro”, afirmó.

Tras permanecer cerca de tres meses detenido, Tony recuperó su libertad luego de pagar una fianza de $20.000.

Sus hijas nacieron en Estados Unidos y él se encuentra en un proceso para regularizar su situación migratoria. Incluso, asegura que antes de su detención ya había entregado sus huellas como parte del trámite para obtener la residencia.

“Yo pagué una fianza de 20.000 dólares. Nunca he tenido ningún problema. El único delito que tengo para ellos es haberme quedado en este país desde hace 25 años y, a pesar de eso, ya estoy arreglando para tener un estatus migratorio legal”, señaló.

Después de recuperar su libertad, Tony decidió contar públicamente su historia y mostrar el impacto que la detención dejó tanto en él como en sus hijas.

“Yo tengo 25 años de estar acá y lo que estoy viendo y lo que viví no se lo deseo a nadie. Tal vez uno ve las cosas desde afuera, pero vivirlas es algo muy fuerte”, concluyó.

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