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Franco Villavicencio es un niño argentino de tan solo tres años de edad que nació con progeria, una enfermedad que padecen unos 300 chicos alrededor del mundo.

La progeria es un mal que significa vejez prematura, una enfermedad genética poco común y mortal. 

El pequeño Franco nació a los ocho meses de gestación como un bebé más, pero a los seis meses de edad su madre Yésica notó que su piel era más seca y tensa que los demás, el color de piel era morado y sus articulaciones rígidas. 

Según médicos estadounidenses -quienes descubrieron la enfermedad en el pequeño-, los niños que sufren esta enfermedad se ven muy saludables al nacer, pero empiezan a cambiar al primer año de vida con características como: menor crecimiento, pérdida de grasa corporal y cabello, piel envejecida y rigidez en las articulaciones.

Como si esto fuera poco, conforme avanza el tiempo empiezan a sufrir osteoporosis, aterosclerosis generalizada, problemas cardíacos y apoplejía (sangrado dentro de un órgano o pérdida de la circulación hacia un órgano) dejando una expectativa de vida promedio de 13 años.

“Nunca me iba a imaginar estar todo el tiempo en el hospital, que vengan los médicos, que lo miren, que lo toquen, que lo revisen. Unos venían y decían 'qué lindo'. Otros se ponían guantes y decían 'uy, pobre'”, cuenta su mamá Yésica al diario el Clarín de Argentina.

El origen de la vejez prematura se debe a la mutación de un gen denominado LMNA, encargado de producir la proteína Lamin A, esta mutación extremadamente poco común se da en uno de cada 4 a 8 millones de recién nacidos.

Ahora Franco, que además fue abandonado por su padre cuando tenía seis meses de edad, debe de tener una muy buena nutrición, ya que las drogas por el tratamiento que recibe son muy fuertes y debe de estar saludable para que el organismo resista.