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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, enfrenta una jornada adversa el miércoles: el Congreso se dispone a certificar la victoria de Joe Biden a la Casa Blanca y los demócratas se encaminan a tomar el control del Senado tras una sorprendente elección en Georgia.

El mandatario republicano, que tiene previsto hablar al final de la mañana con sus partidarios en un acto al aire libre en la fría Washington, seguramente vuelva a denunciar fraude, como viene haciéndolo, sin pruebas, desde los comicios del 3 de noviembre.

Miles de trumpistas inundaban la capital de la nación para protestar. Con las tensiones políticas en su punto álgido, el centro de Washington mostraba una fuerte presencia policial y muchos dueños de negocios, por temor a enfrentamientos, habían tapiado puertas y ventanas.

"Robaron la elección", "estoy totalmente segura", dijo a la AFP Katherine Caldwell, de 61 años, que viajó desde Oregon, mientras agitaba una bandera roja con la inscripción "Trump es mi presidente".

Pero los resultados están ahí y son un terrible desaire para el magnate, que aún se niega a reconocer su derrota y es cada vez más criticado en su propio bando.

En la segunda vuelta de las elecciones al Senado en Georgia, el demócrata Raphael Warnock venció a la senadora republicana Kelly Loeffler, e hizo historia al convertirse en el primer senador negro elegido en este estado sureño.

"Lo que sucedió ayer (martes) por la noche es extraordinario", dijo a CNN este pastor de 51 años de una iglesia en Atlanta donde Martin Luther King oficiaba.

El otro demócrata en liza en Georgia, Jon Ossoff, también parecía estar por desbancar al senador republicano David Perdue.

El miércoles por la mañana, reclamó su victoria: "Georgia, gracias por la confianza que han depositado en mí", dijo en un breve comunicado.

Las grandes cadenas de TV estadounidenses aún no lo han nombrado ganador. Pero si se confirma su victoria, Ossoff se convertiría, a los 33 años, en el senador demócrata más joven desde... Joe Biden (en 1973).

Con Warnock y Ossoff en el Senado, los demócratas tendrían 50 escaños en la Cámara Alta, el mismo número que los republicanos. Pero según establece la Constitución, la futura vicepresidenta Kamala Harris tendría el poder de decidir los votos y, por lo tanto, inclinar la balanza hacia el lado demócrata.

Biden tomará juramento el 20 de enero, y la mayoría en el Senado les daría a los demócratas control de ambas cámaras del Congreso, permitiéndole impulsar su agenda legislativa.

"Mitch McConnell, líder de la minoría del Senado", bromeó Hillary Clinton en un tuit, refiriéndose al hecho de que el poderoso republicano estaba a punto de perder el prestigioso puesto de jefe de la mayoría.

Pence bajo presión

Los demócratas, galvanizados por la victoria de Biden en Georgia en las elecciones del 3 de noviembre, la primera del partido en ese estado desde 1992, lograron movilizar a sus votantes en ese bastión conservador, en particular a los afroestadounidenses claves para el triunfo.

Como muestra de lo que estaba en juego, Trump fue a Georgia a captar votantes. Estas elecciones podrían ser "su última oportunidad para salvar a Estados Unidos tal como lo amamos", arengó en un mitin en Dalton. En vano.

El Congreso se reunirá el miércoles por la tarde para registrar formalmente la victoria de Biden en el Colegio Electoral. El resultado de esta obligación constitucional está fuera de toda duda: Biden se convertirá en presidente.

Pero la cruzada de Trump le da a este día un tono especial.

Si bien algunos pesos pesados republicanos terminaron admitiendo la victoria del demócrata, decenas de otros legisladores prometieron expresar sus objeciones el miércoles y hacerse eco de las acusaciones de fraude incluso dentro del mismo Capitolio.

Trump volvió a presionar el martes a su vicepresidente Mike Pence, quien tendrá el papel protocolar de declarar ganador a Biden.

"El vicepresidente tiene el poder de rechazar a los votantes (del Colegio Electoral) elegidos de manera fraudulenta", tuiteó el presidente, erróneamente.

Pence se limitará a presidir la sesión conjunta de la Cámara de Representantes y el Senado que formalizará los 306 votos electorales a favor de Biden contra los 232 de Trump.

Según la Constitución, su función es meramente "abrir" los certificados enviados por cada uno de los 50 estados. Solo los legisladores pueden impugnar los resultados en ciertos estados.

Aún así, la orden presidencial pone a Pence en una posición delicada, después de tres años y once meses de leal servicio.

Biden se abstuvo en gran medida de comentar sobre esta presión sin precedentes en una jornada que suele ser una formalidad.