Por AFP Agencia 21 de agosto de 2026, 17:15 PM

El presidente Donald Trump anunció este viernes que Estados Unidos permitirá la importación, libre de aranceles, de hasta 300.000 toneladas de carne para moler durante los próximos 90 días, en un intento por reducir los precios para los consumidores.

El poder adquisitivo es una de las principales preocupaciones de los estadounidenses de cara a las elecciones legislativas de medio término de noviembre.

El mandatario no precisó de qué países provendrán las importaciones, pero señaló que la carne será vendida con una rebaja de 25% sobre los precios de mercado.

"Mientras trabajamos por reconstruir este (stock de) ganado y ayudamos a nuestros ganaderos, durante los próximos 90 días Estados Unidos permitirá la importación de hasta 300.000 toneladas de producto destinado a carne molida sin arancel fuera de cuota", escribió Trump en su plataforma Truth Social.

En el país de las hamburguesas, la carne de res es uno de los productos cuyos precios más atormentan a los consumidores. En mayo, había que pagar 15% más que el año anterior para comprar un bistec, según las cifras oficiales de inflación.

Esta medida "reducirá los precios para los estadounidenses", celebró Trump.

A finales de julio, el Departamento de Agricultura anunció la próxima reanudación de la importación de ganado mexicano, más de un año después de su suspensión debido a un desacuerdo en torno a la lucha contra un parásito.

México exportó algo más de un millón de cabezas de ganado a Estados Unidos en 2024, según estimaciones de ambos gobiernos.

Causa y consecuencia

Estados Unidos se encuentra entre los mayores consumidores de carne de res del mundo, con algo más de 23 kg por habitante en 2025, según datos de la OCDE.

Pero los precios de la carne bovina se han disparado desde la pandemia de covid-19, pasando de menos de 4 dólares la libra (algo menos de 500 g) a comienzos de 2021 a casi 6,90 dólares en julio de este año, de acuerdo con datos de la Reserva Federal estadounidense (Fed, banco central). En un año, el aumento ronda el 10%.

Los precios reflejan las tensiones sobre la oferta, con un stock ganadero en su nivel más bajo desde la década de 1950, pero también por un incremento de los costos, en particular de la energía, los insumos y el transporte, que pesan sobre las finanzas de los agricultores estadounidenses.

Se suman a este diagnóstico las consecuencias de los fenómenos climáticos, con una sequía persistente en los últimos años en los principales estados productores de Estados Unidos que complica la alimentación de los animales.

Control extranjero

Ya a comienzos de año, Trump también había firmado un decreto que favorecía la entrada de más carne vacuna argentina a Estados Unidos, aumentando los cupos de importación sin arancel.

"Todos queremos precios más bajos en los alimentos, pero como he dicho durante meses, no podemos hacerlo a expensas de los productores estadounidenses. Inundar el mercado con carne extranjera daña nuestra industria ganadera", cuestionó la senadora Deb Fischer, republicana como Trump.

La Asociación Nacional de Ganaderos de Bovinos estadounidense, un grupo de comercio, también manifestó su reparo.

"Inundar el mercado con carne subvencionada por el gobierno, por debajo del precio del mercado, no es el camino para recomponer el ganado estadounidense", dijo su director ejecutivo, Colin Woodall. "El anuncio de hoy y otras intervenciones en el mercado arrojaron agua fría sobre la posibilidad de aumentar el stock ganadero y sacrifican la estabilidad de largo plazo en favor de mensajes de corto plazo".

Ante las críticas, Trump insistió en que lograría que los precios de la carne bajaran porque "eso es lo que quieren los votantes, y lo que yo quiero".

Ante el impacto inflacionario de los aranceles adicionales generalizados, principal arma económica de Trump, Washington también había anulado las tasas que afectaban a cierto número de productos agrícolas procedentes de Brasil, como la carne de res, el café y los tomates.

Pero fue sobre todo hacia los gigantes de la carne que Trump intensificó la presión, desde hace varios meses, acusándolos de prácticas anticompetitivas que perjudican tanto a los ganaderos como a los consumidores estadounidenses.

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