“Se habla de inclusión, pero muchas veces solo ocurre cuando alguien llega a exigirla”
La artista plástica Arianna Estrada, una persona de talla baja, comparte su historia de vida marcada por el arte, la discapacidad y la lucha por una inclusión real, donde el respeto y la autonomía sean un derecho y no un favor.
En un país que aún tiene deudas profundas en materia de accesibilidad y respeto, Arianna Estrada Coto levanta la voz desde el arte y la política.
Artista plástica y diseñadora gráfica, su historia es también la de muchas personas con discapacidad que han tenido que abrirse camino en espacios que nunca fueron pensados para ellas. Esta es su voz, en primera persona.
¿Cuál es tu edad y qué haces en tu día a día?
Tengo 26 años, soy artista plástica, diseñadora gráfica y también ando metida en política un poco estos últimos tiempos.
Háblame sobre tu infancia.
Yo nací en San José. Mi niñez fue demasiado linda. Recordarla es de los mejores momentos. Mi familia siempre ha estado muy presente en todo mi crecimiento, en mis estudios, en mi vida en general. Vivía con mi mamá y mi papá. Crecer con ellos fue una bendición.
Yo soy persona de talla baja y en la sociedad es complicado salir, ir al supermercado, estar en espacios públicos. Pero cuando era niña no me daba cuenta de ese mundo tan hostil, porque mis papás estaban ahí, “recibiendo las balas”. Por eso puedo decir que mi niñez fue muy linda.
¿Recuerdas alguna anécdota divertida con tus papás?
Mis cumpleaños siempre han sido muy especiales. Es un momento para agradecer un año más de vida y compartir en familia. Amo los juegos de mesa y los juegos de cartas. Siempre me sentaba con mi mamá toda la tarde a jugar. Se nos iba el día entero y eso lo añoro muchísimo.
¿Cómo fue el choque de realidad cuando ya no estabas tan cerca de tus papás?
Fue muy fuerte. Aunque mis papás me protegían, hubo momentos en los que sí me daba cuenta de las miradas, de las burlas, de las preguntas incómodas.
Recuerdo una experiencia que me marcó muchísimo: un señor que vendía perfumes quería que yo tocara su producto para que “le diera suerte”. Como no quise, me tocó la cabeza y dijo que ya con eso era suficiente. Ese tipo de situaciones te van marcando.
En la universidad, el choque fue también físico. Tenía que agarrar bus y no alcanzo las gradas, entonces tengo que arrodillarme para subir. El timbre está muy alto, así que si voy atrás, tengo que gritar para que me paren. En los baños no alcanzo el lavatorio, el jabón. No tengo autonomía.
Entré a la Universidad de Costa Rica a estudiar Artes Plásticas. Quería graduarme en escultura, pero una profesora me dijo que no podía porque mis manos son más pequeñas y no iba a poder usar las máquinas igual que el resto. Fue muy duro.
Me gradué en pintura. Mi exposición final se llamó Fragmentos de reconciliación. 14 autorretratos que representaban mi reconciliación con el arte, con mi cuerpo y conmigo misma.
¿Encontraste algún espacio seguro?
No puedo decir que exista un espacio seguro que esté listo cuando uno llega. Las personas con discapacidad somos quienes tenemos que abrir esos espacios, decir qué necesitamos.
Se habla mucho de inclusión, pero muchas veces solo ocurre cuando alguien llega a exigirla. No debería ser así. Debería estar desde el inicio, por ley y por dignidad.
¿Qué mensaje le darías a la sociedad?
La infraestructura, de alguna manera, uno se acomoda. La parte cultural es la más complicada. No puedes estar educando a cada persona que te toma una foto en la calle sin permiso.
Necesitamos más educación, más respeto, más empatía. No es igualdad, es equidad de condiciones. También soy humana. También siento. También me hieren las palabras, las miradas y las acciones.
¿Qué le dirías a los empresarios?
Que no esperen a que llegue una persona con discapacidad para hacer cambios. Que investiguen, que consulten a la población con discapacidad antes de asumir qué necesitamos.
No es un favor. Es dignidad. Es autonomía. No es posible que para ir al baño tenga que pedir ayuda para alcanzar el jabón o encender una luz. Eso tiene que estar desde el inicio.
Viendo hacia atrás, ¿qué le dirías a la Ari del pasado?
Que va por buen camino. Que fue un esfuerzo enorme llegar hasta aquí. Que hubo tormentas, pero después de cada una apareció el arcoíris.
Encontré una familia en la política, una familia en el arte y siempre estuvo mi familia de sangre sosteniéndome. Todo va a estar bien.
¿Y a los jóvenes y niños que se identifican con vos?
Que no se rindan. Está bien cansarse, está bien querer dejar todo por un momento, pero solo por un momento. Siempre hay que levantarse.
Siempre hay algo bonito en el día, algo que sorprende. Siempre se puede encontrar un lugar seguro, amistades que apoyen y sueños que valgan la pena seguir.
Arianna Estrada no solo pinta cuadros: pinta realidades que incomodan y transforman. Desde su experiencia, recuerda que la inclusión no es caridad ni tendencia, sino una obligación ética y legal. Y que detrás de cada adaptación pendiente, hay una persona que solo quiere vivir con autonomía y respeto.
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