Por Brenda Calvo 18 de octubre de 2026, 8:00 AM

María Edith Mendoza Zúñiga está acostumbrada a pasar algunos meses del año fuera de Costa Rica. Sin embargo, en noviembre de 2025, durante una visita al país, decidió realizarse varios exámenes médicos que terminaron confirmando sus sospechas: tenía cáncer de mama.

La noticia cambió sus planes y la llevó a permanecer más tiempo cerca de su familia. Desde entonces, ha enfrentado una cirugía, sesiones de quimioterapia y uno de los cambios que más le ha costado asimilar: la pérdida de su cabello.

En esta entrevista con Teletica.com, comparte cómo recibió el diagnóstico, cuáles han sido sus mayores temores y qué ha aprendido sobre la vida durante este proceso.

¿Cómo se enteró de que tenía cáncer de mama?

Pienso que fue por el autoexamen. Por ahí me entró la duda. Siempre he acostumbrado hacérmelo y, en junio, sentí algo que no era normal, pero era muy poquito, entonces lo dejé pasar.

Ya en octubre sentí que había crecido mucho y fue cuando dije: “No, algo sí está mal aquí conmigo”. En noviembre empecé a hacerme los exámenes.

¿Qué pasó después?

Pasé una Navidad horrible, esperando los resultados de la biopsia. En enero me confirmaron lo que ya sospechaba: tenía un cáncer maligno de mama.

¿Cómo recibió esa noticia?

Fue muy impactante, una vuelta de hoja demasiado grande y frustrante. Uno no sabe qué hacer. En ese momento me quedé en blanco.

El doctor que me dio el diagnóstico me dijo que era como un trago de aceite de ricino: tenía que irlo bajando poquito a poco. Y así fue. Primero me tiré a llorar, me sentía frustrada y no quería nada. Pasé como 15 días en mi luto, prácticamente.

Después dije: 'No, hay que seguir. Hay que seguir y tengo vida'. Mientras tengamos vida, tenemos esperanza. Y ahí continué, siempre con Dios de la mano.

¿Cuál fue el proceso que siguió después del diagnóstico?

Empecé con el doctor que revisó los resultados de la biopsia. Me dio referencias para el Hospital San Juan de Dios y todo empezó a fluir.

El 20 de mayo me operaron. Me hicieron un cuadrante y después seguí con la quimioterapia, donde perdí mi cabello. La quimio es muy fuerte.

¿Qué ha sido lo más difícil de enfrentar durante el tratamiento?

Han sido muchas cosas, pero la pérdida del cabello ha sido muy fuerte. Yo siempre digo que los dientes y el cabello son una carta de presentación que tenemos. Son muy importantes.

Como mujeres, somos muy femeninas. Entonces, me veo al espejo y no me reconozco. No soy yo. Ese cambio de identidad ha sido muy fuerte para mí.

¿Siente que ha nacido una nueva María Edith, más fuerte y valiente?

Sí, definitivamente. De hecho, no sabía que era tan fuerte. No sabía que tenía esa fortaleza.

Y gracias a Dios, a mi familia y a todas las personas que me han apoyado. También a esta institución, FUNDESO, y al grupo de apoyo que tenemos acá. Aquí siempre me abren las puertas y se han convertido en una familia para mí.

¿Cómo cambió su rutina después del diagnóstico?

Yo era muy activa y eso me cambió muchísimo, porque ahora tengo que cuidarme de otra manera.

Siempre he sido muy dedicada a mi familia y a las demás personas, pero con esto aprendí que ahora estoy yo. Primero soy yo, segundo soy yo y tercero soy yo, porque solo así sanamos.

¿Ha habido momentos en los que siente que ya no puede más?

Sí, claro que sí. Ha habido muchos momentos de oscuridad, como les llamo yo. Está uno en un túnel, pero está Dios, que no nos deja.

Y me vuelvo a levantar como leona, con más fuerza.

¿Qué le ha ayudado a recuperar la esperanza en los momentos más difíciles?

Dios y mi familia. Yo digo que tenemos que centrarnos en las cosas y las personas que amamos para seguir adelante. Y esto no es solamente con el cáncer, sino con cualquier situación que enfrentemos en la vida.

Este proceso me ha hecho valorar mucho más a las personas que amo con el corazón, especialmente a mi familia. Dios siempre en primer lugar.

¿Qué ha cambiado en su manera de ver la vida?

Valoro muchísimo la vida y le doy gracias a Dios por cada momento. Los momentos son oro, de verdad que sí. A veces no los valoramos.

A veces tenemos que pasar por donde asustan, como digo yo, para ver la vida de otra manera y dejar de correr tanto. Día a día andamos en carrera y, a veces, hay un atardecer hermosísimo y no nos detenemos a verlo.

Eso ha cambiado en mí.

¿Cómo ha sentido el acompañamiento de su familia durante el tratamiento?

Mi familia es muy importante para mí. Cuando me dieron el diagnóstico, tenía muchas preguntas: ¿con quién iba a ir a la quimioterapia?, ¿cómo iba a hacer?, porque todo el mundo trabaja y anda en carrera. Uno quiere resolver todas esas dudas en el momento.

Pero mi papá, que Dios lo tenga en su gloria, siempre me decía: “Las cargas se arreglan de camino”. Y dicho y hecho. Yo decía: “No tengo que preocuparme por mañana, ya se va a resolver”. Y de verdad se resolvía. Dios iba moviendo las piezas.

Una sobrina me decía: “Tía, yo te acompaño a la quimio”. Ella venía desde San Ramón y me acompañaba. Otra sobrina que vive en Moravia, Emily, también estuvo conmigo. Siempre han estado presentes.

Les agradezco en el alma. Los amo, porque son mi vida, son todo para mí. Gracias por estar conmigo hoy y siempre.

¿Qué le diría a otra mujer que acaba de recibir un diagnóstico de cáncer de mama?

Que primero lo procese, que se encuentre consigo misma y que siga el camino que tiene que seguir hacia adelante. Que no hay desvío ni a la izquierda ni a la derecha.

Tenemos que cuidarnos muchísimo y darnos prioridad a nosotras mismas. Abrazarnos, acariciarnos, porque valemos demasiado.

Esto no es una sentencia de muerte. Es un diagnóstico que tenemos que aprender a enfrentar. Yo digo que esto ya no es una escuela, es una universidad, porque se aprende muchísimo durante este proceso, en este camino.

Que sean fuertes y sigan adelante, que se agarren muchísimo de Dios. Y que recuerden que hay instituciones como FUNDESO, que nos dan muchísimo apoyo.

¿Qué tipo de apoyo ha recibido en FUNDESO?

Aquí nos dan psicología, fisioterapia y acompañamiento. Eso es muy importante. Yo siento que tengo esta fuerza, esta energía y todo lo que tengo, en primer lugar, gracias a Dios; también gracias a mi familia, que está conmigo en todo momento, y a esta institución.

Quiero que otras mujeres sepan que no están solas, que toquen puertas y busquen ayuda. No son las únicas. Somos muchas y, unidas, somos más fuertes.

¿Qué espera de esta nueva etapa de su tratamiento?

Ahora voy a empezar la radioterapia y tengo mucha fe en Dios. Espero que pronto llegue el día en que pueda tocar la campana y decir que superé esta etapa.

He aprendido que tenemos que seguir adelante, valorar cada momento y no olvidarnos de nosotras mismas. Aunque haya días difíciles, siempre hay una razón para levantarse y continuar.

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