Última Hora

Siendo un niño de aproximadamente 10 años, el profesor de la Escuela de Música de Barva abrió el estuche en el que estaba guardado un corno francés. Nunca había pensado que ese sería su instrumento, pues en un inicio había querido tocar el saxofón. A partir de ese momento, este instrumento le acompañaría en una destacada carrera que, apenas con 22 años, lo llevó a formar parte de una de las orquestas de uno los teatros de ópera más importantes del mundo: El Metropolitan Opera House de Nueva York.

Su padre tocaba trompeta y así creció Hugo, escuchando a su papá, quien además lo llevaba a los conciertos de la Banda Sinfónica de Barva, a procesiones de Semana Santa y a conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Mientras cursaba sus estudios de escuela y colegio se dedicó a estudiar música, primero en su natal Barva y después en el Instituto Nacional de la Música en San José. Hugo imprimía fotos de los más grandes directores de orquesta del mundo y los pegaba en el cuarto, con el sueño de poder tocar algún día en una orquesta dirigida por ellos.

Mientras estudiaba en el Instituto Nacional de la Música, una clase maestra con el profesor y cornista Gregory Miller, le cambió el destino. Tras escucharlo, le dijo que debía hacer sus estudios formales en Estados Unidos y por medio de una beca, lo logró.

Este fue el inició de un recorrido en el extranjero, que le abrió las puertas para audicionar en el MET en el año 2017, un proceso en el que participan músicos de todo el planeta. De 60 cornistas que hicieron la audición, el costarricense Hugo Valverde fue el elegido. Hoy con 25 años, toca con los directores de orquesta cuyas imágenes en algún momento pegó en las paredes de su cuarto.

 Remontémonos a sus años en Costa Rica ¿Cómo comenzó  su camino por la música?

Empecé en la Escuela de Música de Barva con 6 o 7 años, era cerca del año 2004. Mi papá es trompetista, pero no profesional  y a mi mamá también le gusta mucho la música.

Después de dos años en la Escuela, yo tenía las pruebas de aptitud para comenzar con algún instrumento. Me acuerdo que yo había escogido el saxofón primero, pero no había saxofones. Después dije que quería tocar la tuba, pero había solo una y ya la tenía otro estudiante y al final el director de ese momento, que se llamaba Francisco Molina, en Paz Descanse, me dijo “Huguito ahí tenemos un corno, yo creo que usted debería a comenzar a tocar corno.” No sabía bien que era un corno. El trajo el estuche y lo abrió, yo vi el instrumento y dije: “Pues sí, ese va a ser el que voy a tocar” así comenzó todo…

Mi primer profesor fue Daniel León Rodríguez, él es barveño también. Con él empecé con el corno francés. Ahí estuve hasta el año 2007.

Y después comienza a estudiar en San José…

Sí, en el 2008 empecé a estudiar en el Instituto Nacional de la Música, en Moravia. Inicié clases de corno con Luis Murillo, el cornista principal de la Orquesta Sinfónica Nacional. 

En ese momento, yo tocaba en la Orquesta Sinfónica Juvenil, en la Banda Sinfónica Avanzada, y tenía un grupo de música de cámara, un quinteto de maderas. A veces me llamaban de músico extra en la Orquesta Sinfónica Nacional. Eran días muy ajetreados, salía del colegio y tenía que salir corriendo para el Instituto, llegaba a la casa en la pura noche a hacer tareas.

¿Cómo se dio la oportunidad para estudiar en Estados Unidos?

En el 2012, el profesor y cornista Gregory Miller, vino a tocar con la Orquesta Sinfónica Nacional, yo estaba tocando en ese concierto con la Orquesta. Después de un ensayo, le pregunté si podía darme una clase, él acepto pero me dijo que solo tenía media hora. Esos 30 minutos se convirtieron en dos horas. Cuando terminamos me dijo  que yo tenía que irme a estudiar con él a Estados Unidos. Fue así como me ayudó a conseguir una beca en Lynn University, en Boca Ratón, Florida.

Estaba contrarreloj para hacer los trámites, las clases comenzarían solo unos meses después. Me puse nervioso porque el inglés yo lo tenía “más o menos”, no tenía pasaporte, ni Visa y no sabía si me iba a dar tiempo para todo eso.

Debía hacer el examen de inglés TOEFL, pero en Costa Rica no había fechas disponibles. Por insistencia de mi mamá, me fijé, y habían tres campos en Panamá.  Así que nos fuimos mi papá y yo en bus un miércoles a la media noche, llegamos jueves en la mañana. El examen fue en la tarde de ese jueves y el viernes en la mañana nos regresamos para Costa Rica.

La Visa me la dieron cuatro días antes de irme. En Florida estuve desde el 2012 hasta mayo del 2016, sacando el bachillerato.

¿Cómo se abrieron las puertas del Metropolitan Opera House?

Hice mi primer año de estudios de maestría en Rice University en Houston Texas y antes de terminarla comencé a audicionar para entrar a una orquesta. No podía esperar a que la Visa se me venciera ya que ni mi familia ni yo, teníamos ingresos económicos para después regresar a Estados Unidos para cada audición. El profesor William VerMeulen fue severo conmigo para lograr el nivel necesario en poco tiempo. Fui a cinco audiciones de orquesta y la quinta fue la del MET.

Durante tres meses, preparé los 35 extractos de distintas óperas que pedían dominar. En mis rondas habían personas de todo el mundo. En la preliminar éramos 60 compitiendo por un puesto, y de esos 60, siete pasamos a la semifinal. En la final éramos nada más dos.

El coordinador de la audición llegó y anunció que yo había ganado el puesto y todo se le olvida  a uno, cómo pensar o reaccionar, son tantas emociones… El coordinador me dijo que ojalá hubiera  podido tomarme una foto porque la expresión no tenía precio. Me llevaron al comité de la audición ya que esta se hace en un cuarto en donde nadie lo ve a uno  y se vota de acuerdo con lo que se escucha. Entonces al conocerme, la mayoría se sorprendió porque era más joven de lo que esperaban, y además porque era tico, les gustó mucho.

¿Cómo es trabajar en una orquesta de tanto prestigio y con tantas personas talentosas?

El hecho de tocar con gente de tan alto nivel, rodeado de los mejores músicos del mundo, inspira y lo mantiene a uno con entandares muy altos.

Anualmente tocamos 26 óperas. (Siete por semana) Es un constante equilibrio entre tocar óperas y también aprenderse óperas nuevas. La que se ensaya en la mañana, no es la misma  que se va a tocar en la noche.  

El director es Yannick Nézet-Seguín, una persona increíble, un director relativamente joven y ha tocado en las mejores orquestas del mundo. Puedo recalcar que él trae aquí, unión musical y  conexión entre él y la orquesta, a diferencia de otros directores que se consolidan por encima de la orquesta.

En Costa Rica se da mucha más atención a lo que sucede en otros campos, por ejemplo el fútbol, que a lo que pasa en las artes, la música y la cultura. ¿Cuál es su percepción al respecto?

Estoy consciente de que seguir al fútbol no va a dejar la misma cantidad de dinero que seguir las artes. Tristemente es una realidad en Costa Rica, pero si uno ve otros países, Europa por ejemplo, las artes atraen a más gente, más público.

En países como Estados Unidos, Alemania, Austria, Suiza, desde pequeños se les inculca a los niños a apreciar el arte. Y aquí hasta en la Ópera yo lo veo, porque tenemos programas para niños, traen niños de circuitos escolares a ensayos, a charlas con nosotros. Nosotros les explicamos cómo es tocar en una orquesta, qué se puede aprender, por qué es importante que ellos vengan a ver conciertos en vivo. También hablamos con los papás para explicarles por qué es importante que un niño aprenda a tocar un instrumento, no solo para que toquen “Estrellita” a final de año, sino para el desarrollo del cerebro. Eso está muy claro en las sociedades en las que las artes son más apreciadas.

¿Qué opina del estímulo musical y la enseñanza cultural en Costa Rica, que se da por medio de programas como el Sinem o el Instituto Nacional de la Música?

Yo pienso que se les debería dar mucho más apoyo por parte del Gobierno. Creo que se podrían implementar más programas de alcance social. No solo para llevar a conjuntos musicales a esos niños, sino llevar a las familias con ellos. Al  dar el mensaje solo a los niños, a muchos se les va a olvidar. Cuando está la familia con ellos, es cuando el mensaje llega aún mejor. A mí me encantaría poder ayudar en eso  cada vez que estuviera en tiquicia, me gustaría llevar a representantes del Ministerio de Cultura conmigo para hablarles a las familias de esto, de lo importante que es.

¿Cuáles son sus sueños futuros, considerando que llegó tan joven al MET?

Me veo aquí varios años haciendo mi carrera, pero también me gustaría dar clases en un conservatorio. Espero pronto estar en contacto con gente para ver eso una realidad. Llega un punto en donde uno tiene que darle apoyo a las generaciones que vienen, a los músicos más jóvenes para que sigan el legado y mantengan el buen nivel de las artes musicales.

¿En cuales óperas está participando para esta temporada del MET?

Estamos presentando para esta temporada 28 óperas entre las que están, La boheme de Giacomo Puccini, La Cenicienta de Gioachino Rossini, La Condenación de Fausto de Hector Berlioz, El Holandés errante de Richard Wagner, Macbeth de Giuseppe Verdi, Madama Butterfly de Giacomo Puccini, El Caballero de la Rosa de Richard Strauss, La Flauta Mágica de Wolfgang Amadeus Mozart en una edición especial de Navidad que se canta en inglés  y dura menos de 2 horas y  La Traviata de Giuseppe Verdi, entre otras.

La temporada termina a mediados de mayo. Justo terminando la temporada tenemos tres conciertos sinfónicos en el teatro Carnegie Hall, solo la orquesta.

Una anécdota…

Había venido aquí a Nueva York en el año 2015, porque vine a audicionar a la Escuela de Música de Manhattan. En esos días vine a ver una ópera de Puccini aquí al MET. Me senté en la última fila del último piso, y pensé “Ojalá algún día pueda llegar a tocar a este nivel” y me fui con esa memoria de vuelta a Florida. ¡Qué me iba a imaginar que dos años después iba a estar tocando con ellos!