Por Daniel Castro Ramírez 26 de abril de 2026, 14:00 PM

En una conversación que transitó entre la nostalgia de sus años en la redacción de Telenoticias y Buen Día, y la adrenalina de su presente en el programa de trivias más querido del país, Edgar Silva se sentó a conversar para revelar la cara menos conocida de su nuevo reto profesional.

Lejos del traje y la formalidad que exige la silla caliente, se descubre a un comunicador que, tras tres décadas de oficio, sigue sintiendo el mismo respeto y las mismas "mariposas en el estómago" por el público que sintió el primer día.

La entrevista arrancó con una dinámica muy particular: someter al "Flaco" a su propio juego. Entre risas, confesiones sobre su vida privada y una profunda reflexión sobre el peso de la fama —que incluso lo alcanzó estando de viaje al otro lado del mundo—, estas son las respuestas definitivas de un Édgar Silva que se niega a ser un personaje y apuesta, hoy más que nunca, por ser simplemente él mismo.

Entrevista completa:


El cuestionario: Las respuestas definitivas de Édgar

Si Édgar Silva tuviera que elegir el clima perfecto para vivir el resto de sus días, este sería: 

A: El frío de las faldas del volcán Poás
B: El calor seco y el viento de Liberia
C: La humedad de la zona sur
D: El clima de las puestas en escena en la pantalla de su teléfono.

Yo te diría que me gusta mucho el clima en las faldas del volcán Poás Yo creo que a mi edad, yo busco más ese tipo de comodidad y ese tipo de paz que tiene el volcán Poás. Respuesta definitiva.

¿En qué lugar se siente Édgar Silva como el verdadero dueño del Premio Mayor? 

A: De viaje por el mundo
B: Caminando entre sus cafetales
C: En sus labores profesionales
D: En el gimnasio

Yo no quiero ser el millonario del cementerio. Entonces, te voy a decir que a mí me gustaría gastarme esa plata viajando y comiendo. Mi respuesta sería opción A, definitiva.

Según la geografía emocional de Édgar Silva, ¿cuál de las ciudades o zonas representa la verdadera esencia de su identidad? 

A: Limón ​​​
B
: La Sabana 
C: Liberia 
D: Zarcero

Me gusta el sabor de Limón, me siento con un espíritu limonense, muy abierto, muy de celebración. También soy muy guanacasteco por mi forma de sentir la vida. Pero La Sabana... a mí me gustaban los escritorios que daban hacia La Sabana. Hace mucho tiempo, en el cuarto piso donde estaba la redacción de Telenoticias, el ventanal era abierto y yo logré el escritorio de la esquina. Yo escribía mis notas viendo hacia La Sabana y para mí es muy significativo porque tuve muchas horas invertidas en eso. Creo que voy a hacer cambio de pregunta porque me va a costar escoger una. Me siento muy guanacasteco, pero prefiero no comprometerme y prefiero cambiar de pregunta.

¿Cuál de estas frases es la que Édgar Silva más disfruta escuchando cuando está fuera de cámaras? 

A: "Don Édgar, ¿me regalas una foto?" 
B: "Soy más liberiano que el escobón y el sol del mediodía"
C: "Édgar, ¿el café ya está listo?"
D: "Estamos al aire en 3, 2, 1".

La opción D es muy bonita; yo aprendí a disfrutar esa adrenalina de la televisión en vivo. Pero creo que me voy a inclinar por la opción A. En este momento de mi vida y de mi carrera, entendí perfectamente que el propósito y la razón del oficio al que yo me he dedicado por tanto tiempo es el público. Cuando alguien te pide una fotografía, en realidad te está ofreciendo su cariño y su admiración, y eso lo agradezco profundamente.

Si Édgar Silva pudiera heredar un solo valor a la nueva generación de comunicadores en Costa Rica, este sería: 

A: La fama inmediata 
B: La capacidad de escuchar a la gente 
C: Saber usar el teleprompter
D: Tener muchos seguidores en Instagram.

Esa es fácil: la opción B, la capacidad de escuchar a la gente. El éxito de este oficio es atender las necesidades de la gente y de verdad ayudarle con las informaciones. Yo descubrí y entendí que las noticias para el "buen vivir" son más trascendentes que la noticia política del día o el suceso del día. Al final del tiempo, una información en la que yo te enseñé a cuidar mejor tu salud trasciende más que la nota de abril en la edición de hoy. Le perdí miedo a que la gente siguiera diciendo que un programa como Buen Día era un programita de cosas irrelevantes; las noticias que hablan de la vida son las que vas a recordar.

Ahora está con ¿Quién quiere ser millonario? ¿Qué ha encontrado distinto o peculiar que ha llamado su atención de este nuevo formato?

Estar sentado ahí me ha llegado a reconfirmar que a las personas les gusta sentirse mejor, sentir que son mejores personas. El conocimiento le genera a uno una autosatisfacción y te hace confiar más en vos. Siento que las personas que ven el programa y de forma entretenida sienten que están aprendiendo algo, eso les hace sentirse mejor consigo mismos porque valen un poquitito más. Esa es una satisfacción muy rica: hacer sentir bien a la gente a través del conocimiento.

En el caso tuyo como conductor, ¿existe también esa "silla caliente"? ¿Hay retos en la manera de hacer las preguntas o practicar sus expresiones faciales para no dar pistas?

No te voy a mentir que a veces uno quisiera que la gente avance más y que se lleve un poco más de dinero, pero hay ciertos protocolos que hay que seguir. He tenido que hacer el esfuerzo de ser un poco más consciente de si estoy haciendo muchas muecas con la cara, porque yo hablo y expreso mucho con la cara. Por protocolo tengo que ser un poco más neutral. También, cuando estás leyendo la pregunta y las opciones, tenés que leerlas todas con un mismo ritmo y cadencia para que la gente no sienta que uno le está ayudando. Aunque estoy sentado ahí y quiero que a la gente le vaya bien, me gusta el juego de ver cómo un participante razona y construye el conocimiento desde la negación.

¿Qué puedes decirle a las personas que te tienen en tan alta estima después de tantos años de carrera?

Al inicio de mi carrera aquí en el canal tomé un riesgo y fue tratar de ser el Édgar más transparente que yo podía ser. Me permití reírme, entristecerme y enojarme como Édgar. Tomé el riesgo de usar una forma más cercana y casual de hablar. Por ejemplo, en Costa Rica los carros no "colisionan", los carros chocan. Si la gente te entiende, la gente te cree, y si la gente te entiende y te cree, confía. Yo le aposté a querer ser el Edgar, muy Edgar.

Entiendo perfectamente a las personas que dicen "me hace falta Ignacio", es absolutamente comprensible, pero yo no me voy a sentar en la silla de ¿Quién quiere ser millonario? pretendiendo buscar ser Ignacio. No lo esperen porque no lo voy a hacer; el Édgar que se va a sentar en esa silla es Édgar, yo no quiero ser mi antecesor.

¿Cómo ha sentido este momento de Quién quiere ser millonario después de más de 30 años de oficio profesional?

Es la primera vez en mi carrera que hago un game show y es muy emocionante sentir que todavía tenga la oportunidad de estar haciendo cosas nuevas y estar aprendiendo. Si yo disfruto los programas, la gente los disfruta; esa es mi fórmula. Yo admiro mucho a Madonna porque ha tenido la capacidad de reinventarse y yo siempre he querido ser algo parecido. Me gusta que mi libro de la vida tenga varios capítulos.

Hace unos días pasó una situación donde una persona tuvo un problema y acudió a usted, preguntó por usted. ¿Cómo afrontó esa situación?

Lo primero que sentí fue preocupación, un temor, y lo primero que dije fue: "Señor, pone en mi boca las palabras oportunas y apropiadas". Desafortunadamente, no pude dialogar con la persona. Estaba en el centro de Tokio, con los audífonos y el teléfono, tratando sobre todo de transmitirle a ella tranquilidad. Esto a veces implica una gran responsabilidad y uno tiene que modificar sus hábitos de vida para cuidar lo que uno dice y hace. Uno después de eso mide el impacto de lo que puede significar en la recordación de las personas, y eso asusta.

¿Qué consideras o esperas que Quién quiere ser millonario te deje como enseñanza en tu vida?

En principio, que la gente la pase bien de 8 a 9 los martes. Luego, ayudarle a los concursantes a realizar su mejor desempeño y ojalá lograr el mejor premio posible. Y tercero, que el programa sea lo suficientemente cercano para que algún dato o conocimiento les haga sentir mejor consigo mismos. Que la gente se sienta bien es un valor que los medios de comunicación no tenemos que olvidar.

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