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El Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha desbaratado muchas piezas importantes de la política climática durante su mandato, abandonando el Acuerdo de París de 2015 para limitar el calentamiento global y eliminando numerosas regulaciones ambientales de la era Obama.

El opositor demócrata de Trump, Joe Biden, ha prometido en su campaña electoral invertir 1,7 billones de dólares (1,4 billones de euros) en una "revolución para la energía limpia y la justicia ambiental” durante la próxima década. Esta cifra es unos 14 billones de dólares menos que lo que el senador progresista de Vermont, Bernie Sanders, prometió en materia de acción climática durante las primarias demócratas.

Sin embargo, el cambio climático ni siquiera figura entre las 10 principales preocupaciones de los votantes inscritos, aun cuando Estados Unidos se enfrentan a condiciones climáticas extremas, desde incendios forestales hasta tormentas, que, según los científicos, se están volviendo cada vez más frecuentes gracias al calentamiento del planeta. 

El tema ocupa el undécimo lugar detrás de la economía, la atención médica, los nombramientos en la Corte Suprema y la pandemia, según una encuesta realizada por el Centro de Investigación Pew y publicada en agosto.

No obstante, aunque el cambio climático no es prioritario en la agenda de los votantes, sigue siendo uno de los temas más controvertidos entre los partidarios de Trump y Biden. Un 68 por ciento de los votantes demócratas creen que el tema es prioritario, en comparación con el 11 por ciento de los republicanos, según la encuesta Pew.

Pero, ¿qué prometen Biden y Trump en su campaña electoral con respecto al cambio climático y el medio ambiente, y cómo encaja con los deseos de los votantes?

¿Biden, una decepción climática?

Biden, el ex vicepresidente de Barack Obama, tiene previsto reafirmar su compromiso con el Acuerdo de París y garantizar que Estados Unidos de un giro completo hacia la energía limpia y cumpla el objetivo de cero emisiones netas para 2050. 

También ha prometido detener los subsidios a los combustibles fósiles, yendo un paso más allá del Comité Nacional Demócrata, el órgano de gobierno de los demócratas, que recientemente retiró ese fragmento de su programa.

Antes de que Kamala Harris se convirtiera en candidata a la vicepresidencia de Biden, la senadora californiana había apoyado medidas audaces de protección climática. Desde el principio, Harris apoyó el Nuevo Acuerdo Verde (del inglés, New Green Deal), una resolución demócrata progresista que instaba al Congreso de Estados Unidos a poner rumbo hacia los siguientes objetivos durante la próxima década: una economía basada en energías limpias, reciclaje profesional y justicia social y ambiental.

Sin embargo, algunos votantes demócratas se muestran decepcionados con la candidatura de Biden-Harris, ya que creen que Sanders, que abandonó la carrera demócrata por la presidencia en abril, habría sido el mejor candidato.

"Tengo dos hijos, así que tengo que ser cuidadosa y mantenerme esperanzada, pero perdí mucha esperanza cuando Bernie Sanders no consiguió la candidatura”, cuenta Karen Antunes, mientras disfruta sentada de un picnic con sus hijos y su perrito en Peninsula Park, Portland, Oregón.

Sin embargo, eso no le impedirá votar por los demócratas. "Tenemos que hacerlo. Lo de Trump tiene que terminar”, añade Antunes. "Pero no estoy muy entusiasmada”.

La mayoría de los votantes progresistas, como Antunes, probablemente votarán por Biden para impedir la reelección de Trump, aunque consideren que el compromiso de Biden con las medidas de protección climática no va lo suficientemente lejos.

"No creo que las diferencias entre Biden y Sanders sobre el medio ambiente, o cualquier otro tema, importen mucho a los votantes demócratas en comparación con la diferencia entre Biden y Trump”, opina Stephen Ansolabehere, director del Centro de Estudios Políticos Americanos de la Universidad de Harvard.

Republicanos: la economía triunfa sobre el cambio climático

En los últimos años, Trump siempre ha considerado el cambio climático como un "engaño”, algo que no ha sido provocado por el ser humano, y ha llamado a los activistas ambientales "eternos catastrofistas”.

La plataforma electoral del presidente de EE.UU. consiste en una lista de 63 puntos, divididos en categorías como "Empleo”, "Erradicar el COVID-19” y "Poner fin a nuestra dependencia con China”. No se abordan directamente ni el cambio climático ni la protección del medio ambiente.

En su lugar, escondido bajo el título "Innovando para el futuro” hacia el final de la lista, hay dos promesas: "Continuar liderando el mundo en el acceso al agua potable y a un aire más limpio” y "Asociarse con otras naciones para limpiar los océanos de nuestro planeta”.

El plan no traza ningún camino para alcanzar estos objetivos.

La falta de menciones al cambio climático en la agenda de Trump podría complacer a muchos votantes republicanos ya que son "obviamente menos partidarios de las regulaciones”, señala Daron Shaw, profesor especializado en el comportamiento electoral de la Universidad de Texas, en Austin, y co-director de la encuesta de Fox News.

"Los demócratas están mucho más dispuestos a tomar medidas más fuertes”, señala Shaw, añadiendo que pocos republicanos apoyarían regulaciones como un impuesto al CO2 o a los combustibles fósiles. Sin embargo, "si se les pregunta sobre el reciclaje o los estándares de eficiencia de combustible, apoyan mucho ese tipo de acciones a menor escala”.

Creciente impaciencia entre los jóvenes republicanos

Algunos jóvenes republicanos han empezando a criticar la falta de atención de su partido al cambio climático. Durante la reciente convención del Partido Republicano, un pequeño grupo recurrió a Twitter durante el evento en línea, para preguntar "¿qué pasa con el clima?” (#WhatAboutClimate)

Otro estudio de Pew, de junio de 2020, encontró que los republicanos de la generación "millenial” y de la generación Z, que actualmente tienen entre 18 y 39 años, son más propensos que los votantes republicanos de mayor edad a pensar que la actividad humana tiene un impacto significativo en el clima y que el gobierno federal está haciendo muy poco para abordar el problema.

Sin embargo, eso no significa que estén dispuestos a cambiar a los demócratas.

"Crecí siendo republicano”, cuenta Kiera O'Brien, que fundó el grupo Jóvenes Conservadores por los Dividendos del Carbono (YCCD, por sus siglas en inglés, Young Conservatives for Carbon Dividens). "El conservadurismo en casa#, en Ketchikan, Alaska, se centra en la comunidad y la naturaleza”.

A O'Brien no le gusta el "enfoque regulador del clima” de los demócratas y en su lugar aboga por soluciones de libre mercado para hacer frente al cambio climático a través de YCCD.

Reformulando la acción climática

Las políticas ambientales pueden ser un tema complicado cuando se trata de elecciones federales y difícil de abordar para los candidatos presidenciales. Muchas regiones de Estados Unidos tienen sus propios desafíos: desde los incendios forestales en California y las tormentas que destruyen cultivos enteros en Iowa hasta la contaminación del agua en Flint, Michigan.

En Pensilvania, Kentucky o Míchigan y Ohio, la oposición a las políticas climáticas en el pasado ha estado típicamente relacionada con el temor a la pérdida de empleo, según el profesor Ansolabehere. La prohibición del carbón o la reconversión de la industria automotriz podría "afectar negativamente al mercado de trabajo” en esos estados.

Según Daron Shaw, los republicanos suelen "tratar de enmarcar las cuestiones ambientales como una cuestión de altos impuestos y propuestas de destrucción de empleo con la esperanza de ganar algún votante demócrata”.

Biden podría estar tratando de calmar los temores de que abordar el cambio climático significa la pérdida de puestos de trabajo, enmarcando su plan como una oportunidad de empleo en nuevas industrias y una revitalización en el sector de la fabricación ecológica.

Pero cuando se trata de los estados de Pensilvania, Virginia y Ohio, la política climática de Trump y su apoyo a los combustibles fósiles podría darle la ventaja. Su apoyo a las plantas de craqueo que procesan gas natural para su uso en la producción de plásticos también ha sido bien recibido, según Ansolabehere, especialmente por los sindicatos locales.