20 de octubre de 2026, 21:15 PM

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sopesa convertir la actual sala de prensa de la Casa Blanca en una piscina y habría declarado -en una reunión privada- que quiere que este sea su "último legado", reveló este martes (20.10.2026) el diario The New York Times.

Según tres fuentes anónimas citadas por el periódico, Trump habría planteado la idea en varias ocasiones a su exsecretaria de Prensa Karoline Leavitt, quien renunció el pasado 27 de agosto, aunque la propuesta no llegó a materializarse.

La sala de prensa James S. Brady es el lugar de trabajo diario de los periodistas que cubren la Casa Blanca desde hace más de cincuenta años, por lo que sustituir ese espacio sin ofrecer una alternativa supondría, en la práctica, expulsar a la prensa del complejo presidencial.

La propuesta recuperaría el uso original de ese espacio, donde el presidente Franklin D. Roosevelt (1933-1945) mandó construir en 1933 una piscina cubierta como parte de la terapia para sus piernas, afectadas por poliomielitis.

Richard Nixon (1969-1974) hizo cubrir posteriormente la piscina para habilitar la sala de prensa, inaugurada en 1970.

Símbolo de la libertad de prensa

Desde el primer mandato de Trump (2017-2021) se ha barajado la posibilidad de sacar a la prensa del Ala Oeste de la Casa Blanca y trasladarla al cercano Edificio de Oficinas Ejecutivas Eisenhower.

Durante décadas, la presencia de reporteros dentro del complejo presidencial, a pocos pasos del Despacho Oval, se ha considerado un símbolo de la libertad de prensa, consagrada en la Constitución estadounidense.

Trump, muy crítico con los medios de comunicación tradicionales, mantiene una batalla judicial para intentar impedir el acceso a la Casa Blanca a los periodistas de CNN, MS NOW y Politico, a los que acusa de difundir "noticias falsas" sobre él, aunque un juez ha frenado por ahora la medida.

Aunque el mandatario suele comparecer a diario ante la prensa, también protagoniza frecuentes rifirrafes con los reporteros, como ocurrió este martes, cuando mandó callar a uno de ellos y lo llamó "enfermo".

El presidente, un antiguo magnate inmobiliario, también ha emprendido varias obras en la residencia presidencial con las que busca dejar su legado, entre ellas la construcción de un gran salón de baile que obligó a derribar el Ala Este.

jc (efe, The New York Times)

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